Por Maya Sánchez, Contributor: Dance, Fashion & Lifestyle | Instagram |
| La belleza auténtica cobra vida en cada paso: Maya Sánchez comparte cómo el movimiento y la danza pueden transformar nuestra relación con el cuerpo. Foto: Instagram Maya Sánchez |
Siempre he creído que la danza no se elige: te encuentra. Y aunque mi historia empezó como la de muchas niñas soñadoras, jamás imaginé que terminaría viviendo entre giras, castings, ensayos eternos y momentos que te cambian la vida.
Hoy quiero compartir mi experiencia, no como una guía perfecta, sino como una ventana honesta a lo que realmente significa dedicarse a la danza profesional.
Cuando descubrí mi lugar en el mundo
Mi amor por la danza nació en mi casa, entre videos de Michael Jackson y funciones improvisadas para mi familia. Mi mamá, que veía esa obsesión convertirse en rutina, nos inscribió a mi hermana y a mí en gimnasia rítmica.
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Pero fue en la clase de jazz de la escuela donde entendí algo definitivo: yo quería dedicarme a esto toda la vida. Al salir del CCH, no tuve dudas. Mi camino sería la danza.
La industria: nadie te advierte lo duro que es
Empezar en el showbusiness fue recibir un balde de agua fría. Tenía técnica, hacía piruetas sólidas, entrenaba con disciplina… y aun así, me rechazaban en todos los castings. No entendía por qué. Nadie me explicó cómo funcionaba realmente la industria ni qué buscaban.
Un día lo comprendí: en el show, además de bailar, tienes que vender imagen. Y aunque ahora lo digo con ligereza, en ese entonces me sentí fuera de lugar. Lidiar con el rechazo fue desgastante, pero también me hizo más fuerte. Si hubiera comenzado por teatro —donde el arte del casting es casi una disciplina obligada— quizá todo habría sido diferente. Pero la vida te enseña en el camino.
Giras, ensayos y el lado que el público nunca ve
Amo la danza porque es mi refugio. Es ese espacio donde el mundo se apaga y sólo queda la música y el movimiento. Pero la vida arriba del escenario tiene una versión oscura, o al menos agotadora.
Viajar es increíble, sí. Conoces ciudades, convives con el equipo, te ríes, creces… pero también peleas con cambios de clima, vuelos eternos, carretera, altitud, horarios que destruyen cualquier rutina saludable. A veces el cuerpo se siente más pesado, otras simplemente no reacciona igual.
Por eso mi entrenamiento no es negociable: gym donde pueda, ballet como base, stretching, barre, terapia física para mis rodillas y una buena alimentación. También llevo mis suplementos, descanso antes del show y hago lo posible por mantener una rutina de skincare.
Aunque, siendo sincera, hay días en los que no me da tiempo ni de comer porque entre soundcheck, vestuario y arreglarme… el reloj juega en mi contra.
Y por si fuera poco, lo que nadie del público sabe es que los cambios de último minuto son el pan de cada día: canciones que se mueven del setlist, escenarios incompletos, vestuarios que deben improvisarse. Pero como decimos siempre: el show debe continuar.
Artistas, escenarios memorables y un futuro que sigue abriéndose
He tenido la suerte de bailar con artistas como Tiziano Ferro, Belinda, Eiza González, Juan Gabriel, Lucero, Aylín Mujica y Grupo Cañaveral, entre otros. Cada uno me ha enseñado algo distinto: invertir en tu carrera, mantener disciplina, soportar la presión y seguir adelante incluso cuando las cosas no salen como quieres.
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Uno de mis recuerdos más emotivos fue en el tour de Juan Gabriel. En el último show, se acercó a la mesa donde cenábamos y agradeció a todos los artistas por hacer posible la gira. Dijo que amaba el escenario y que quería morir allí. Dos meses después, así sucedió. Fue una lección sobre amor absoluto por el arte.
Hoy sé que vivir de lo que amo es una bendición enorme. Y aunque la danza ha sido el centro de mi vida, también me veo evolucionando: coreografía, dirección escénica, diseño de shows o dando clases. El arte se transforma, y yo también.
Si algo quiero dejar a quienes sueñan con bailar, es esto: sueñen en grande, entrenen con disciplina y no dejen que el rechazo apague lo que Dios puso en su corazón.
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