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Por: Julio César
Más que distracción, el TDAH es una forma distinta de procesar el mundo, con retos reales, SÍ, pero también con potencial creativo poco entendido.
Hablar del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es hablar, en realidad, del cerebro humano en desarrollo. No de uno “defectuoso”, sino de uno que funciona de manera distinta dentro de un proceso profundamente complejo. Durante la infancia y la adolescencia, el cerebro atraviesa cambios extraordinarios que moldean la forma en que pensamos, sentimos y actuamos. Este desarrollo, como explican diversas investigaciones científicas, es tan preciso como delicado: pequeños desajustes en la formación de los circuitos neuronales pueden influir en la conducta y dar lugar a lo que hoy conocemos como trastornos del neurodesarrollo.
Entre ellos, el TDAH es uno de los más frecuentes y también uno de los más incomprendidos. Se estima que afecta aproximadamente al 5% de los niños y a cerca del 6.7% de los adultos. Aun así, no siempre es fácil identificarlo, y mucho menos entenderlo en toda su dimensión.
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No es sólo “no poner atención”
Uno de los errores más comunes es reducir el TDAH a una simple falta de atención o a una conducta inquieta. Sin embargo, el diagnóstico es más complejo. De acuerdo con los criterios clínicos actuales, en niños deben presentarse al menos seis síntomas relacionados con inatención, hiperactividad o impulsividad; en adultos, el umbral baja a cinco. Pero más allá del número, lo importante es cómo estos síntomas afectan la vida diaria.
La falta de atención puede manifestarse de formas muy concretas:
- cometer errores por descuido,
- no terminar tareas,
- perder objetos con frecuencia, o
- distraerse fácilmente con estímulos irrelevantes.
También incluye dificultades para:
- organizar actividades,
- seguir instrucciones, o
- mantener la concentración durante periodos prolongados.
Por otro lado, la hiperactividad y la impulsividad pueden verse como una inquietud constante:
- moverse sin parar,
- interrumpir conversaciones,
- hablar en exceso, o
- tener problemas para esperar turnos.
En niños, esto suele ser más evidente —un niño que no puede quedarse sentado en clase o que interrumpe constantemente—. En adultos, en cambio, la hiperactividad se transforma.
Cuando crecer no significa que desaparezca
Existe una idea extendida de que el TDAH es “cosa de niños”. Pero la realidad es distinta. Muchas personas llegan a la adultez con síntomas persistentes, aunque estos cambian de forma.
La hiperactividad física suele disminuir con la edad, pero puede convertirse en una sensación interna de inquietud, como si la mente nunca se detuviera. En lugar de correr o brincar, el adulto puede experimentar:
- pensamientos constantes,
- dificultad para relajarse, o
- una necesidad continua de hacer algo.
La inatención, en cambio, suele mantenerse. Y aquí es donde aparecen problemas más sutiles pero igualmente relevantes:
- dificultad para completar proyectos complejos,
- cambios frecuentes de empleo,
- problemas para gestionar el tiempo, o
- mantener relaciones personales estables.
De hecho, muchos adultos con TDAH reciben su diagnóstico tardíamente. Para ellos, entender lo que les ocurre puede ser un punto de inflexión. No es raro que describan una sensación de alivio. Finalmente hay una explicación para años de dificultades que no lograban comprender.
Un cerebro distinto, no inferior
Uno de los aspectos más interesantes —y menos difundidos— del TDAH es que no todo son desventajas. Diversos estudios han encontrado una relación entre este trastorno y una mayor capacidad de pensamiento divergente, es decir, la habilidad de generar ideas originales o encontrar soluciones creativas.
Esto se traduce, en muchos casos, en talento para áreas como la música, la escritura, el arte o el teatro. Algunas personas con TDAH destacan precisamente por su creatividad, su intuición o su capacidad de pensar “fuera de la caja”.
Sin embargo, este potencial no siempre se desarrolla fácilmente. Puede verse limitado por dificultades en:
- la organización,
- la constancia, o
- la atención sostenida.
Además, existe debate sobre si ciertos tratamientos, como algunos medicamentos, podrían afectar estos procesos creativos, especialmente en niños.
Por eso, cada vez más especialistas insisten en un enfoque equilibrado: reconocer tanto los retos como las fortalezas que implica una mente neurodivergente.
¿De dónde viene el TDAH?
La pregunta sobre el origen del TDAH sigue abierta. No hay una sola causa, sino múltiples factores que interactúan entre sí.
La evidencia científica apunta con fuerza a la genética. Estudios en gemelos y niños adoptados han demostrado que la heredabilidad del TDAH es alta, entre un 76% y un 90%. Además, los familiares cercanos de una persona con este trastorno tienen entre cinco y nueve veces más probabilidades de presentarlo.
Pero la genética no lo explica todo. También intervienen factores ambientales, biológicos y del desarrollo. En realidad, el TDAH es considerado un trastorno multifactorial y poligénico, resultado de muchas variables, cada una con un pequeño impacto, que juntas configuran un perfil único en cada persona.
Esto también explica por qué el TDAH puede manifestarse de formas distintas incluso dentro de una misma familia.
Diagnosticar no es etiquetar
Otro punto clave es el diagnóstico. No existe una prueba única que confirme el TDAH. En niños, el proceso suele involucrar a pediatras, padres y maestros; en adultos, a profesionales de la salud mental.
El diagnóstico se basa en la observación de síntomas, entrevistas y, en muchos casos, cuestionarios específicos. También es fundamental descartar otras condiciones que pueden presentar síntomas similares, como:
- problemas de aprendizaje,
- ansiedad,
- depresión, o
- incluso dificultades auditivas o visuales.
Lejos de ser una etiqueta, un buen diagnóstico es una herramienta. Permite entender mejor lo que ocurre y, sobre todo, encontrar estrategias para mejorar la calidad de vida.
Tratamiento: entre la ayuda y la controversia
Aunque el TDAH no tiene cura, sí existen tratamientos que ayudan a controlar los síntomas. Los más comunes incluyen:
Medicamentos
Los medicamentos estimulantes son los más utilizados y han demostrado ser eficaces en muchos casos, ya que actúan sobre sustancias químicas del cerebro relacionadas con la atención y el razonamiento. Sin embargo, no están exentos de efectos secundarios, por lo que siempre deben ser recetados y supervisados por un profesional.
También existen medicamentos no estimulantes, aunque su uso puede ser más limitado o depender de cada caso específico.
Psicoterapia e intervenciones conductuales
Las intervenciones psicológicas juegan un papel fundamental. La terapia conductual ayuda a modificar hábitos y desarrollar habilidades prácticas; la terapia cognitivo-conductual trabaja en la organización, la concentración y la gestión de tareas; y la terapia familiar puede mejorar la dinámica en el hogar.
En algunos casos, incluso el acompañamiento de un coach especializado puede marcar una diferencia en la vida diaria.
Aun así, el tratamiento del TDAH sigue siendo objeto de debate. No todos los enfoques funcionan igual para todas las personas, y existe una discusión constante sobre el uso de medicamentos, especialmente en niños. Por eso, cada plan debe ser individualizado.
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Vivir con TDAH hoy
Más allá de la ciencia y los diagnósticos, el TDAH es una experiencia cotidiana. Está:
- en el niño que no logra concentrarse en clase,
- en el adulto que cambia constantemente de empleo,
- en la persona que olvida citas importantes o pierde objetos con frecuencia.
Pero también está en quien tiene:
- una mente rápida,
- creativa,
- llena de ideas,
- en quien encuentra soluciones inesperadas o conecta conceptos de manera original.
Entender el TDAH implica dejar atrás los prejuicios y reconocer su complejidad. No se trata de idealizarlo ni de restarle importancia a sus desafíos, sino de comprenderlo con equilibrio.
Al final, hablar de TDAH es hablar de diversidad en la forma de pensar y de estar en el mundo. Y en esa diversidad, bien comprendida y acompañada, también hay posibilidades.
Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica.
IG: @imjucesar
Fuentes:
- Multidisciplinary Digital Publishing Institute (MDPI) – ADHD overview
- National Institute of Mental Health (NIMH) – TDAH en español
- ScienceDirect – Actualización sobre TDAH
- Harvard Health Publishing – ADHD A to Z
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