Por: Julio César
El crecimiento de las mascotas en México transforma el diseño de viviendas, oficinas, comercios y ciudades para facilitar nuevas formas de convivencia.
La presencia de perros y gatos en los hogares mexicanos está modificando algo más que los hábitos de consumo. También comienza a influir en la manera en que se diseñan y desarrollan viviendas, oficinas, hoteles, restaurantes, centros comerciales y espacios públicos, a medida que las mascotas adquieren un papel más integrado en la vida cotidiana de las familias.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) del INEGI, 69.8% de los hogares mexicanos convive con al menos una mascota, equivalente a alrededor de 80 millones de animales de compañía entre perros, gatos y otras especies. Para ESDESIGN, Escuela Superior de Diseño de Barcelona, esta realidad plantea un cambio que trasciende la creciente oferta de establecimientos pet friendly: las necesidades de los animales empiezan a formar parte de las expectativas que las personas tienen sobre los espacios que habitan y utilizan.
La transformación también tiene una dimensión económica. Según IMARC Group, el mercado mexicano de productos y servicios para mascotas alcanzó un valor de 5,661.9 millones de dólares y podría superar los 8,500 millones de dólares en 2034, con un crecimiento anual compuesto estimado de 4.47%.
Las mascotas empiezan a influir en las decisiones de consumo
El crecimiento del mercado muestra que el gasto relacionado con los animales de compañía se ha extendido más allá de categorías tradicionales como alimentos y atención veterinaria. Servicios, experiencias y soluciones para facilitar la convivencia forman parte de un mercado cada vez más amplio.
Esta evolución tiene consecuencias para sectores que anteriormente no tenían a las mascotas como un factor central de diseño o planificación. Una vivienda puede valorarse por las áreas destinadas al esparcimiento animal; un hotel o restaurante puede ser elegido por las condiciones que ofrece para recibir mascotas, y un centro comercial puede diferenciarse mediante servicios especializados.
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La expectativa incluso alcanza los lugares de trabajo. Un informe de Purina señala que 74% de los propietarios de perros estaría dispuesto a llevar a su mascota a la oficina si tuviera esa posibilidad. El dato apunta a una transformación en la relación entre vida personal y laboral, en la que la presencia de los animales de compañía también empieza a formar parte de las expectativas relacionadas con el bienestar.
Para las empresas, esto significa que las características de un espacio pueden convertirse en un factor de competitividad. Lo que antes podía funcionar como un elemento adicional para atraer consumidores comienza a adquirir mayor peso en la elección de determinados servicios o establecimientos.
Del espacio “pet friendly” al diseño integrado
Para ESDESIGN, el reto no consiste simplemente en agregar una zona para mascotas dentro de un proyecto. La cuestión de fondo es entender cómo cambió la forma de habitar los espacios.
Cuando perros y gatos forman parte de las actividades diarias de una familia, decisiones que tradicionalmente respondían a criterios humanos —como la distribución de una vivienda, los materiales, el mobiliario o las soluciones de almacenamiento— pueden plantearse también desde las necesidades de convivencia.
Esto puede traducirse en materiales resistentes al uso cotidiano, recorridos más intuitivos, áreas multifuncionales, espacios de almacenamiento y soluciones que permitan integrar a las mascotas sin separar artificialmente sus actividades de las del resto del hogar.
La diferencia es importante: un espacio diseñado para mascotas de manera aislada responde a una necesidad específica, mientras que un diseño pensado para la convivencia incorpora esas necesidades desde el comienzo del proyecto.
La ciudad también tiene que adaptarse
La transformación no termina dentro de las viviendas. El espacio público enfrenta el desafío de responder a una población que utiliza parques, calles y áreas recreativas acompañada de sus animales.
La iniciativa Better Cities for Pets, impulsada por Mars, encontró que sólo 4 de cada 10 propietarios de mascotas consideran que su ciudad está diseñada adecuadamente para convivir con animales.
La cifra evidencia una brecha entre los hábitos de los ciudadanos y la infraestructura urbana disponible. Como respuesta, algunas ciudades han comenzado a incorporar parques caninos, áreas verdes adaptadas y mobiliario urbano que facilite una convivencia más segura.
Estas soluciones pueden incluir bebederos, circuitos recreativos y zonas de descanso para personas y animales. Su incorporación plantea una cuestión más amplia de planificación: cómo compartir los espacios públicos considerando las necesidades de distintos usuarios sin comprometer la seguridad o la experiencia de quienes no tienen mascotas.
Una tendencia con antecedentes en la arquitectura
La incorporación de las mascotas al diseño no es completamente nueva. Desde mediados del siglo XX, el arquitecto Frank Lloyd Wright consideró las necesidades de los animales de compañía en algunos de sus proyectos.
Décadas después, iniciativas como Architecture for Dogs, impulsada por el diseñador japonés Kenya Hara, exploraron de forma específica la relación entre los animales y los espacios diseñados para ellos.
Estos antecedentes muestran que la pregunta sobre cómo adaptar la arquitectura y el diseño a los animales ya había sido planteada con anterioridad. La diferencia actual está en la escala del fenómeno: la presencia de las mascotas en la vida familiar y el crecimiento del mercado relacionado con ellas están llevando esta discusión hacia viviendas, oficinas, comercios y espacios urbanos.
Qué significa para el diseño y los consumidores
La transformación plantea un cambio de perspectiva para distintas industrias. Para los desarrolladores inmobiliarios, diseñadores, hoteleros, restaurantes y comercios, considerar a las mascotas puede dejar de ser una decisión asociada únicamente con una tendencia para convertirse en parte de la comprensión de sus usuarios.
La pregunta ya no es únicamente si un espacio acepta mascotas, sino cómo permite la convivencia con ellas. Esa diferencia puede determinar desde la distribución de una vivienda hasta los servicios disponibles en un centro comercial o las condiciones de un parque.
Para los consumidores, el cambio también amplía los criterios con los que pueden evaluar un espacio. La resistencia de los materiales, la facilidad de limpieza, la disponibilidad de áreas verdes, la seguridad de los recorridos o la posibilidad de compartir determinadas áreas con los animales pueden adquirir importancia al elegir dónde vivir, trabajar, hospedarse o pasar el tiempo.
En México, donde casi siete de cada diez hogares tienen al menos una mascota, esta realidad alcanza una dimensión suficiente para influir en las decisiones de diseño y consumo.
Durante décadas, fueron las mascotas las que tuvieron que adaptarse a espacios concebidos principalmente para las personas. La tendencia que comienza a consolidarse plantea el movimiento contrario: que los espacios incorporen desde su diseño las nuevas formas de convivencia que ya existen dentro de los hogares.
Para ESDESIGN, el desafío consiste en pasar de la adaptación puntual a una planificación capaz de anticipar estos cambios. Si las mascotas forman parte del estilo de vida y participan cada vez más en las decisiones familiares, su presencia deja de ser un elemento accesorio y se convierte en una variable que arquitectura, diseño y urbanismo tendrán que considerar.
Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica.
IG: @imjucesar // LinkedIn: @imjucesar
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