La IA aún no está provocando una destrucción masiva de empleos, según Vanguard

Vanguard compara el impacto actual de la IA con los cajeros automáticos

Por: Julio César

La IA todavía no provoca una pérdida masiva de empleos, según Vanguard. El cambio laboral podría depender de cómo las empresas reorganizan el trabajo.


La inteligencia artificial ha alimentado uno de los mayores temores sobre el futuro del trabajo: que la automatización termine desplazando a millones de personas, particularmente en empleos administrativos y profesionales. Sin embargo, los datos laborales disponibles hasta ahora muestran un escenario menos abrupto.

Un análisis de Vanguard sostiene que la inteligencia artificial se encuentra todavía en una etapa comparable a la de los cajeros automáticos (ATM) durante los primeros años de su expansión, cuando la tecnología automatizó determinadas tareas bancarias sin provocar una caída generalizada del empleo. La transformación más profunda llegó décadas después, con la banca móvil, que modificó la forma en que los clientes interactuaban con las instituciones financieras.

La comparación sirve para poner en perspectiva el debate actual. De acuerdo con Adam Schickling, Economista Sénior de Vanguard y autor del análisis publicado el 24 de julio de 2026, las capacidades de la IA pueden modificar la forma de trabajar sin que eso se traduzca automáticamente en una eliminación masiva de puestos.

Los cajeros automáticos no acabaron con los empleos bancarios

Cuando los cajeros automáticos comenzaron a extenderse durante la década de 1980, surgieron pronósticos de que los empleados de ventanilla serían rápidamente reemplazados. La tecnología efectivamente redujo la cantidad de cajeros necesarios en cada sucursal al encargarse de operaciones rutinarias.

Pero el resultado a escala de toda la industria fue distinto.

La reducción de costos hizo económicamente viable que los bancos abrieran más sucursales. Como consecuencia, el número total de empleos de cajero bancario en Estados Unidos se mantuvo relativamente estable entre 1980 y 2010, aunque la cantidad de trabajadores necesarios en cada oficina había disminuido.

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Al mismo tiempo, la expansión de las sucursales generó demanda para otras funciones. Los bancos contrataron más oficiales de crédito, analistas, asesores personales y especialistas en fraude y gestión de riesgos.

El cambio, por tanto, no consistió simplemente en sustituir personas por máquinas. Parte de las tareas rutinarias fueron automatizadas mientras el trabajo dentro de las sucursales se desplazó hacia actividades relacionadas con la atención y las relaciones con los clientes.

La verdadera disrupción llegó con la banca móvil

La comparación cambia cuando aparece la banca móvil.

A partir de alrededor de 2010, las aplicaciones y los servicios digitales comenzaron a eliminar una necesidad diferente: la visita física a una sucursal. Mientras el cajero automático automatizaba determinadas operaciones, la banca móvil hizo posible realizar buena parte de la relación con el banco sin acudir a una oficina.

La magnitud del cambio puede observarse en las preferencias de los usuarios. Para 2025, sólo 9% de los clientes bancarios en Estados Unidos señaló a las sucursales como su principal canal de atención, frente a 36% en 2007. El empleo de cajeros disminuyó posteriormente.

Vanguard subraya que la tecnología, por sí sola, tampoco explica todo el proceso. Los cambios institucionales también fueron relevantes. En Estados Unidos, una legislación aprobada en 2000 otorgó a las firmas electrónicas una validez legal equivalente a las firmas manuscritas, lo que ayudó a facilitar servicios bancarios completamente digitales.

La experiencia muestra que la mayor disrupción laboral aparece cuando una tecnología se combina con nuevos procesos, modelos de negocio y cambios regulatorios que modifican la manera en que una actividad completa funciona.

¿Qué está pasando con los empleos expuestos a la IA?

La llegada de herramientas como ChatGPT a finales de 2022 intensificó las advertencias sobre una posible desaparición acelerada de empleos administrativos y profesionales.

No obstante, Vanguard señala que, casi cuatro años después, los datos disponibles no muestran una reducción generalizada del empleo en las ocupaciones con mayor exposición a la inteligencia artificial.

Según el análisis, el crecimiento del empleo en las actividades más expuestas a esta tecnología se ha mantenido, en términos generales, al mismo ritmo o incluso por encima del registrado en ocupaciones con menor exposición. Las tasas de despidos permanecen bajas y la desaceleración de las contrataciones ha sido amplia, en lugar de concentrarse específicamente en los sectores con mayor presencia de IA.

Esto no significa que la tecnología no esté modificando los puestos de trabajo. La diferencia está en cómo se produce el cambio.

Los actuales modelos de lenguaje pueden encargarse de determinadas tareas, acelerar procesos y aumentar la productividad de un trabajador. En ese escenario, la herramienta funciona como complemento más que como sustituto completo.

La situación sería distinta si las empresas rediseñaran de manera integral sus procesos alrededor de la IA.

La próxima transformación podría ser más profunda

La experiencia de la banca plantea una distinción importante para entender lo que puede ocurrir con la inteligencia artificial.

Automatizar una tarea no equivale necesariamente a automatizar una ocupación completa. Una tecnología puede encargarse de una parte del trabajo mientras el empleado concentra su tiempo en actividades de mayor valor.

La disrupción adquiere otra dimensión cuando cambian simultáneamente los procesos internos, la estructura de las organizaciones y la relación con los clientes.

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La banca móvil ofrece un ejemplo de esa segunda etapa. Su expansión no sólo redujo determinadas tareas realizadas en las sucursales; también impulsó nuevas actividades relacionadas con ciberseguridad, gestión de productos digitales, ingeniería de plataformas de pagos y administración de datos.

Ese patrón podría repetirse con la IA.

Si la tecnología se convierte en una herramienta de propósito general comparable, por su alcance, con la electricidad o la computadora personal, podría facilitar productos, servicios y sectores que todavía no existen. Desde esta perspectiva, el impacto final sobre el empleo dependerá menos de las capacidades aisladas de los modelos y más de la forma en que las organizaciones decidan incorporarlos.

El riesgo no está necesariamente en la IA, sino en cómo se reorganice el trabajo

El análisis de Vanguard no descarta una transformación profunda del mercado laboral. Su conclusión es más cautelosa: todavía no hay evidencia suficiente para afirmar que la inteligencia artificial esté provocando una pérdida generalizada de empleos.

La diferencia es relevante porque las previsiones sobre automatización suelen concentrarse en lo que una máquina puede hacer. Pero la historia económica muestra que las capacidades tecnológicas no determinan por sí mismas el resultado laboral.

Lo que importa es qué hacen las empresas con esas capacidades.

Una compañía puede utilizar IA para reducir el tiempo que un trabajador dedica a tareas repetitivas y destinar ese ahorro a actividades de mayor complejidad. Otra podría rediseñar completamente su operación y reducir la necesidad de determinadas funciones. Ambas decisiones parten de la misma tecnología, pero producen consecuencias laborales diferentes.

Por ahora, la evidencia disponible sitúa a la IA más cerca de la primera etapa de los cajeros automáticos que de la transformación provocada por la banca móvil. Eso no elimina la posibilidad de una disrupción futura; indica que el cambio más profundo podría depender de una reorganización mucho mayor de la forma en que las empresas producen, venden y atienden a sus clientes.

La pregunta central, por tanto, no es únicamente cuántas tareas puede realizar una herramienta de inteligencia artificial. También es cómo evolucionarán las organizaciones cuando esas capacidades se incorporen a sus procesos y qué nuevas ocupaciones surgirán a partir de esa transformación.

Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica. 

IG: @imjucesar // LinkedIn: @imjucesar

Fuente: 

Adam Schickling, economista sénior de Vanguard, Vanguard México, “AI and jobs: Still in an ATM phase”, 24 de julio de 2026. El análisis utiliza datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS) con corte al 31 de marzo de 2026. 

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