| (Foto: Ulf Klingström) |
Por: Julio César
Durante el G20, Elon Musk proyectó una expansión acelerada de los robots humanoides y anticipó un fuerte impacto sobre la productividad mundial.
Más de mil millones de robots humanoides podrían operar en el mundo dentro de una década y, en conjunto, superar la productividad de toda la población humana. Esa es la proyección planteada por Elon Musk durante su participación virtual en la reunión del G20 celebrada en Chapel Hill, Carolina del Norte, donde habló sobre inteligencia artificial, robótica y el impacto que ambas tecnologías podrían tener sobre la economía.
Elon Musk estimó que, dentro de 10 años, habrá al menos mil millones de robots humanoides y que cada uno podría alcanzar una productividad equivalente a unas cinco veces la de un trabajador humano. Bajo ese supuesto, la capacidad productiva de ese conjunto de máquinas sería superior a la generada por todos los seres humanos.
La cifra corresponde a una previsión del empresario y no a un dato sobre la cantidad actual de robots ni a un compromiso de producción. Musk la calificó como una estimación conservadora y afirmó que estaría dispuesto a apostar una cantidad importante de dinero por que ese escenario se concrete.
Robots que fabrican robots
Uno de los elementos centrales de la explicación de Musk fue la posibilidad de que los propios robots participen en la fabricación de nuevas unidades. Según planteó, este proceso produciría un efecto recursivo: al aumentar la capacidad para fabricar robots, también crecería la capacidad de producir más robots.
Su argumento parte de tres componentes que, a su juicio, están evolucionando rápidamente: el software de inteligencia artificial, los chips utilizados para ejecutar esos sistemas y la capacidad electromecánica de los robots, especialmente la destreza de sus manos.
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Musk considera que la utilidad de un robot humanoide depende de la combinación de esas tres capacidades. Si todas continúan mejorando, el desempeño de las máquinas de igual manera aumentaría.
La fabricación representa, sin embargo, una diferencia importante frente al desarrollo de software. Mientras un programa puede copiarse y distribuirse entre múltiples computadoras con relativa facilidad, la producción de máquinas físicas requiere materias primas, componentes, fábricas, energía, transporte y cadenas de suministro.
El propio Musk reconoció esta diferencia durante su intervención y señaló que los avances físicos suelen tardar más que los digitales debido a la complejidad de construir y ampliar toda la infraestructura necesaria.
Cinco veces la productividad humana
La segunda parte de la proyección es todavía más significativa desde el punto de vista económico. Musk calculó que cada robot humanoide podría alcanzar una productividad equivalente a cinco trabajadores humanos dentro de 10 años.
Si se cumpliera simultáneamente su estimación de mil millones de unidades, esos robots tendrían una capacidad productiva agregada superior a la de toda la población humana, de acuerdo con el escenario previsto por el empresario.
Esto implicaría un cambio profundo en la relación entre automatización y trabajo. La discusión ya no se centraría únicamente en qué actividades pueden ser realizadas por máquinas, sino en qué ocurriría cuando una parte considerable de la capacidad productiva mundial pudiera ampliarse mediante sistemas que no necesitan descanso, salario o formación en el sentido tradicional.
Musk no presentó esta situación como una predicción de desempleo masivo durante su intervención. Su argumento se enfocó principalmente en el incremento potencial de la productividad y en la transformación económica que podrían generar la IA y la robótica.
La IA como motor de productividad
La premisa sobre los robots forma parte de una visión más amplia expresada por Musk durante el encuentro. El empresario estimó que la inteligencia artificial podría incrementar la economía mundial entre 20% y 30%. Algunas coberturas del evento tradujeron esa proyección a un impacto de entre 20 y 30 billones de dólares anuales.
También sostuvo que la IA podría alcanzar capacidades muy elevadas en tareas digitales, particularmente en programación y otras áreas de ingeniería, durante los próximos meses. En su opinión, la combinación de inteligencia artificial y robótica será todavía más relevante porque permitirá trasladar capacidades digitales al mundo físico.
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Para la economía, esta transición significa una diferencia respecto de las anteriores etapas de automatización. Las máquinas industriales tradicionalmente fueron diseñadas para realizar tareas específicas, mientras que los robots humanoides de propósito general buscan ejecutar actividades diferentes utilizando una plataforma física adaptable.
El ritmo de adopción dependerá, entre otros factores, de cuánto avance la tecnología y de la capacidad para producir suficientes componentes, generar energía y ampliar las cadenas de suministro. Por esa razón, la cifra propuesta por Musk debe entenderse como un escenario futuro y no como una trayectoria garantizada.
El desafío de llevar la IA al mundo físico
Durante su intervención ante el G20, Musk advirtió que la expansión de la inteligencia artificial requerirá una infraestructura energética y computacional considerable. Los centros de datos necesitan grandes cantidades de electricidad para entrenar y ejecutar modelos de IA, mientras que la robótica añade una demanda adicional asociada con la fabricación y operación de máquinas físicas.
El encuentro de Chapel Hill tuvo precisamente un componente más amplio relacionado con el impacto económico de las tecnologías emergentes. La Casa Blanca informó que los ministros del G20 discutieron políticas para favorecer la innovación, el desarrollo de talento técnico, la inteligencia artificial, la inversión y las cadenas de suministro.
En ese escenario, la predicción de Musk pone una cifra concreta a una de las transformaciones que podrían marcar la próxima década: pasar de una inteligencia artificial principalmente digital a sistemas capaces de interactuar directamente con el entorno físico.
La posibilidad de contar con más de mil millones de robots humanoides y una productividad individual cinco veces superior a la humana sigue siendo una proyección. Su importancia, más allá de que llegue o no a cumplirse exactamente, está en mostrar la magnitud del cambio que algunos de los principales empresarios tecnológicos esperan para la automatización, la manufactura y la economía mundial.
Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica.
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