Por: Julio César
Conciertos y auriculares a alto volumen pueden afectar la audición de jóvenes. Conoce los principales riesgos y señales de alerta.
La pérdida auditiva ya no puede asociarse únicamente con el envejecimiento. La exposición frecuente a sonidos de alta intensidad durante conciertos, festivales, videojuegos, funciones de cine o mediante auriculares puede provocar alteraciones en la audición desde edades tempranas, muchas veces sin que la persona advierta el problema hasta que comienza a afectar sus conversaciones, estudios o actividades cotidianas.
La dimensión del fenómeno es relevante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor de 1,100 millones de personas de entre 12 y 35 años están en riesgo de desarrollar pérdida auditiva debido a prácticas de escucha inseguras, particularmente por el contacto frecuente y prolongado con sonidos recreativos de alta intensidad.
El riesgo está relacionado tanto con el volumen como con el tiempo de exposición. Una conversación cotidiana ronda los 60 decibeles (dB), mientras que un concierto puede alcanzar hasta 140 dB. De acuerdo con información de MED-EL, escuchar música por encima de los 85 dB durante periodos prolongados puede incrementar la posibilidad de dañar las células del oído interno.
Los primeros síntomas suelen pasar inadvertidos
Uno de los problemas para detectar estas alteraciones es que las primeras señales pueden ser temporales. Después de permanecer varias horas en un concierto o utilizar auriculares a un volumen elevado, algunas personas presentan zumbidos, sensación de oído tapado o una reducción momentánea de la audición.
Que las molestias desaparezcan después de unas horas no significa necesariamente que deban ignorarse. El tinnitus —un zumbido o sonido que se percibe sin que exista una fuente externa—, la sensación persistente de oído bloqueado o los cambios posteriores a una exposición intensa al ruido pueden ser motivos para solicitar una valoración profesional.
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También conviene prestar atención a situaciones más cotidianas: tener que pedir que repitan una frase con frecuencia, subir progresivamente el volumen del teléfono o de otros dispositivos, o presentar dificultades para seguir una conversación en un salón de clases, una reunión o un sitio concurrido.
Entre las señales que justifican una consulta médica se encuentran:
- Zumbido en uno o ambos oídos.
- Dificultad recurrente para seguir conversaciones.
- Disminución de la audición después de escuchar sonidos intensos.
- Sensación persistente de oído tapado.
- Mayor sensibilidad ante determinados sonidos.
- Dolor de cabeza o náuseas asociados con determinadas exposiciones.
- Problemas para escuchar en espacios con ruido ambiental.
- Secreción o sangrado en el oído.
No todas estas manifestaciones tienen necesariamente el mismo origen. Por eso, ante cambios persistentes o recurrentes, corresponde a un profesional determinar si existe una alteración auditiva y cuál es su causa.
Sólo 31% de los jóvenes de 18 a 24 años se ha hecho una prueba auditiva
La prevención enfrenta otro obstáculo: las evaluaciones de audición todavía no forman parte habitual de los controles de salud entre la población joven.
Un estudio citado por MED-EL indica que 31% de las personas de entre 18 y 24 años nunca se ha realizado una prueba auditiva. Esto significa que algunas alteraciones pueden permanecer sin identificar hasta que interfieren con actividades que forman parte de la rutina.
La detección temprana resulta especialmente relevante durante etapas en las que escuchar tiene una relación directa con el aprendizaje, la interacción social y, posteriormente, el desempeño profesional.
En México, el tema tiene implicaciones para la salud pública. Información atribuida al entonces Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) advertía que los trastornos auditivos pueden repercutir en el desarrollo personal, familiar y social de quienes los presentan.
El ruido no es la única causa de hipoacusia
La exposición a sonidos intensos constituye uno de los factores asociados con el deterioro auditivo, pero no es el único.
La hipoacusia, término utilizado para describir una disminución parcial o total de la audición, puede tener diferentes causas y grados de severidad. Entre los factores mencionados por MED-EL están enfermedades como la meningitis, las otitis crónicas y la acumulación persistente de líquido en el oído durante la infancia y adolescencia.
Según la zona del sistema auditivo afectada, puede clasificarse como conductiva, neurosensorial o mixta. Esta distinción es importante porque el origen del problema determina las alternativas que pueden considerarse.
La evaluación especializada puede incluir diferentes pruebas para establecer qué parte del sistema auditivo está comprometida y cuánto se ha modificado la percepción de los sonidos.
El tratamiento depende del tipo y grado de pérdida
Pensar que una alteración auditiva conduce necesariamente a la pérdida completa de la audición igualmente resulta impreciso. Existen distintos grados y tipos de hipoacusia, por lo que las alternativas de atención varían de un paciente a otro.
Entre las opciones disponibles se encuentran los auxiliares auditivos, sistemas de conducción ósea implantables y no implantables, implantes de oído medio e implantes cocleares. La elección depende de factores como el origen y la severidad de la pérdida, además de las características particulares de cada persona.
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“Es un error pensar que todas las pérdidas de la audición son iguales o que necesariamente implican dejar de escuchar por completo. Cada paciente presenta una condición distinta y, por ello, el primer paso siempre debe ser un diagnóstico oportuno y preciso que permita determinar el tratamiento más adecuado”, explica la Dra. María Fernanda Alderete, Médico audiólogo y de Soporte Clínico en MED-EL.
La especialista añade que existen alternativas como los implantes cocleares para personas que cumplen con los criterios médicos para este procedimiento. La tecnología, apunta, ha ampliado las posibilidades de atención para determinados tipos de pérdida auditiva.
Más allá de la solución que eventualmente corresponda, el diagnóstico es el punto de partida. Identificar una alteración cuando aparecen los primeros cambios puede evitar que el problema permanezca sin atención y ayuda a determinar qué intervención resulta pertinente.
Escuchar de forma segura también implica moderar el tiempo
La prevención de los problemas auditivos entre jóvenes no depende únicamente de evitar conciertos o dejar de utilizar auriculares. Buena parte del riesgo está relacionada con la combinación entre intensidad y duración del sonido.
Reducir el volumen de los dispositivos, limitar el tiempo de escucha y prestar atención a síntomas posteriores a una exposición sonora intensa son medidas que pueden disminuir el riesgo. En espacios donde el sonido alcanza niveles elevados, también es posible recurrir a protección auditiva.
El punto central es que un zumbido recurrente, la sensación de oído tapado o la dificultad para seguir conversaciones no deberían normalizarse por el simple hecho de aparecer después de una actividad recreativa.
La pérdida auditiva puede tener múltiples causas y no siempre es evidente en sus primeras etapas. Por eso, cuando existen cambios persistentes en la forma de escuchar, una valoración profesional puede determinar si se trata de una alteración temporal o de un problema que requiere atención. Para una generación acostumbrada a convivir diariamente con auriculares, conciertos y otras fuentes de sonido intenso, incorporar el cuidado auditivo a los hábitos de salud adquiere una importancia creciente.
Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica.
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