Por: Julio César
Líderes mundiales han cuestionado a la ONU por la parálisis del Consejo de Seguridad, el veto y su respuesta ante guerras, pobreza y desigualdad.
La capacidad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para responder ante guerras, crisis humanitarias y desigualdad ha sido cuestionada por distintos líderes y representantes de Estados miembros. Las críticas apuntan principalmente al funcionamiento del Consejo de Seguridad, al poder de veto de sus cinco miembros permanentes y a la dificultad para convertir resoluciones y acuerdos internacionales en acciones efectivas.
El debate volvió a ocupar un lugar central durante la 81ª Asamblea General de la ONU, celebrada en septiembre de 2026. En su discurso ante el organismo, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que la ONU atraviesa uno de sus momentos más críticos y cuestionó la inacción del Consejo de Seguridad frente a los conflictos armados.
El Consejo de Seguridad, en el centro de las críticas
La Carta de las Naciones Unidas establece que el Consejo de Seguridad tiene la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales. Sin embargo, sus cinco miembros permanentes —China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia— cuentan con derecho de veto, lo que puede impedir la aprobación de determinadas resoluciones aunque exista una mayoría favorable.
Durante la Asamblea General de 2026, Lula cuestionó precisamente este mecanismo y sostuvo que el veto constituye una limitación estructural para la capacidad de respuesta de la organización. Propuso ampliar la composición permanente del Consejo y establecer mecanismos para mejorar el cumplimiento de las decisiones de la ONU.
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El problema no es nuevo. En 2025, la entonces presidenta de la Asamblea General, Annalena Baerbock, señaló que el Consejo de Seguridad había quedado bloqueado en conflictos de gran gravedad y advirtió que la inacción o el uso del veto podían afectar la credibilidad de toda la organización.
En octubre de ese mismo año, Baerbock volvió a cuestionar los efectos del veto en relación con Gaza. Manifestó que la situación mostraba precisamente el tipo de crisis ante el cual se esperaba una respuesta de Naciones Unidas y sostuvo que los bloqueos del Consejo estaban erosionando la confianza internacional en la institución.
Erdoğan: un Consejo convertido en escenario de disputa
La crítica ha llegado desde distintos bloques políticos y regiones. Durante la Asamblea General de 2024, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, afirmó que el Consejo de Seguridad había dejado de funcionar como garante de la seguridad mundial y cuestionó que las decisiones quedaran condicionadas por cinco países.
La declaración formó parte de un debate más amplio sobre la reforma del Consejo de Seguridad. Otros representantes coincidieron durante aquella sesión que el sistema internacional necesitaba una estructura más representativa y capaz de responder a los conflictos contemporáneos.
En esa misma discusión, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, planteó ampliar el Consejo con nuevos miembros de África, Latinoamérica y Asia, eliminar el veto y establecer consecuencias para los integrantes que violaran la Carta de la ONU.
AMLO: combatir pobreza y desigualdad como parte de la seguridad
El expresidente mexicano Andrés Manuel López Obrador llevó el cuestionamiento hacia otro terreno durante su participación en el Consejo de Seguridad de la ONU, en noviembre de 2021.
Su argumento fue que la seguridad internacional no debía reducirse a la dimensión militar. López Obrador argumentó que la pobreza, la desigualdad, el desempleo y la falta de oportunidades podían contribuir a conflictos y migraciones forzadas, por lo que instó a atender las causas económicas y sociales.
En aquella intervención pidió que la ONU saliera de lo que calificó como una dinámica de “rutina” y “formalismo” y asumiera un papel más activo frente a la desigualdad y la corrupción.
Como parte de su propuesta, promovió un Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar dirigido a personas que, según la cifra utilizada entonces por el mandatario, sobrevivían con menos de dos dólares diarios. El financiamiento propuesto procedería de contribuciones voluntarias de las personas con mayores fortunas, grandes corporaciones y países integrantes del G20.
López Obrador estimó que un fondo de ese tipo podría alcanzar alrededor de un billón de dólares anuales y defendió que los recursos fueran entregados directamente a los beneficiarios mediante mecanismos personalizados, para reducir intermediaciones administrativas.
Dos años después, en agosto de 2023, volvió a cuestionar el papel de Naciones Unidas. En una conferencia oficial afirmó que la organización debía concentrarse en combatir la pobreza y la desigualdad y reprochó que, a su juicio, no hubiera impulsado una iniciativa suficientemente vigorosa para contribuir a la paz en la guerra entre Rusia y Ucrania.
En esa intervención vinculó la pobreza con la migración y reiteró su propuesta de crear un fondo internacional. Su postura no fue que la ONU pudiera eliminar por sí sola el hambre de un país específico, sino que los recursos internacionales destinados al combate de la pobreza fueran utilizados para atender sus causas y generar oportunidades de trabajo y desarrollo.
El reclamo común: reformar el sistema
Las críticas de los últimos años coinciden en un punto: la discusión no se limita a exigir que la ONU intervenga más, sino a modificar los mecanismos mediante los cuales puede actuar.
En 2024, durante el llamado Summit of the Future, distintos gobiernos reclamaron una reforma del Consejo de Seguridad para hacerlo más representativo. La ONU documentó, entre otras posturas, la demanda de mayor participación de África, Latinoamérica y Asia, así como cuestionamientos a un sistema que concentra el veto en cinco Estados.
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El propio secretario general António Guterres ha reconocido las limitaciones del sistema. En 2024 advirtió que el Consejo de Seguridad suele quedar paralizado por divisiones geopolíticas y que las instituciones internacionales fueron diseñadas hace casi ocho décadas bajo una distribución de poder que ya no corresponde con la realidad actual.
La Asamblea General ha desarrollado mecanismos para responder parcialmente a esos bloqueos. Desde 2022, cuando un miembro permanente utiliza el veto en el Consejo de Seguridad, la Asamblea puede convocar un debate para examinar públicamente esa decisión. El mecanismo surgió a partir de la resolución A/RES/76/262.
Una organización con funciones amplias, pero límites concretos
Las críticas deben entenderse dentro de las atribuciones que establece la propia Carta de la ONU. La organización no funciona como un gobierno mundial con capacidad ilimitada para imponer decisiones a todos los Estados. En materia de paz y seguridad, el Consejo de Seguridad tiene facultades específicas, pero su funcionamiento está condicionado por las reglas establecidas en la Carta y, particularmente, por el veto de sus cinco miembros permanentes.
Por ello, cuando un conflicto divide a esas potencias, una resolución puede quedar bloqueada incluso cuando existe respaldo mayoritario entre otros Estados miembros. La propia ONU ha reconocido que esta dinámica afecta su capacidad para responder a determinadas crisis.
El debate actual gira, por tanto, alrededor de una pregunta institucional: cómo conseguir que una organización creada para preservar la paz pueda actuar con mayor eficacia cuando los principales actores del sistema internacional mantienen posiciones enfrentadas.
Las reformas sugeridas por los gobiernos van desde ampliar la representación del Consejo de Seguridad y limitar el uso del veto hasta mejorar el cumplimiento de sus resoluciones y fortalecer el papel de la Asamblea General. El reclamo de fondo permanece: que las decisiones multilaterales tengan mayor capacidad de respuesta frente a guerras, crisis humanitarias, pobreza y otras amenazas que trascienden las fronteras nacionales.
Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica.
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