Por: Julio César
Resumen
El mercado mundial de envases mantiene una trayectoria de crecimiento impulsada por cambios demográficos, nuevos patrones de consumo, comercio electrónico, envejecimiento poblacional, reducción del desperdicio de alimentos y mayores exigencias de circularidad. Durante el webinar "El nuevo mapa del envase: crecimiento, circularidad y nuevas reglas hacia 2030", Mónica Conde, Directora General de Grupo Ambiente Plástico, expuso seis fuerzas que están modificando la demanda de envases y analizó la evolución de los materiales, la reducción de gramaje, la selección de sistemas de envase y el escenario regulatorio previsto para los próximos años.
La exposición plantea una tensión que condicionará las decisiones de la industria: el crecimiento del volumen de envases debe coexistir con una reducción en el consumo de material por unidad y con mayores niveles de circularidad. Bajo este escenario, la selección de materiales no puede establecerse a partir de un único criterio, sino de la función que debe cumplir cada sistema, su desempeño, costo, logística y comportamiento durante todo su ciclo de vida.
Palabras clave
envase y embalaje; industria del plástico; circularidad; reciclabilidad; reducción de gramaje; economía circular; pet; polietileno; polipropileno; análisis de ciclo de vida; regulación de envases; contenido reciclado
Introducción
El crecimiento de la demanda de envases ocurre en paralelo con una presión creciente para reducir el consumo de material, incorporar contenido reciclado y demostrar qué sucede con los productos una vez terminada su vida útil. Esta combinación modifica las decisiones técnicas de fabricantes, convertidores, marcas, recicladores y otros participantes de la cadena de valor.
Durante el webinar "El nuevo mapa del envase: crecimiento, circularidad y nuevas reglas hacia 2030", Mónica Conde, Directora General de Grupo Ambiente Plástico, explicó las principales fuerzas que impulsan el mercado de envases y presentó una revisión de su evolución histórica, la participación de los distintos materiales y los cambios que, desde su perspectiva, deberán afrontar las empresas ante las nuevas exigencias regulatorias.
Una de las premisas analizadas es que reducir el peso de un envase no significa necesariamente reducir la demanda absoluta de materiales. La evolución del mercado depende de variables como el número de unidades comercializadas, los formatos de consumo, las funciones requeridas y el comportamiento de cada material dentro del sistema de envase.
Seis fuerzas que impulsan la demanda de envases
Mónica Conde identificó seis factores que operan simultáneamente sobre el mercado: cambios en la población y los hogares, crecimiento de la clase media latinoamericana, desperdicio de alimentos, comercio electrónico, envejecimiento poblacional y las exigencias de circularidad asociadas con las nuevas generaciones y la regulación.
Población, hogares y porciones individuales
La transformación de las estructuras familiares está modificando los formatos de consumo. El crecimiento de hogares pequeños, incluidos aquellos sin hijos, favorece una mayor demanda de porciones individuales y presentaciones ajustadas a las necesidades de consumo.
La lógica de compra por volumen que acompañó la expansión de los clubes de precios contrasta con una tendencia hacia cantidades más ajustadas. Mónica Conde relacionó este comportamiento con hogares de menor tamaño y refrigeradores más pequeños.
El sector de mascotas es otro mercado que ha registrado un crecimiento considerable y contribuye a esta demanda de presentaciones diferenciadas.
Clase media y transición del granel al producto empacado
Otro factor corresponde a los cambios en los hábitos de consumo de la clase media latinoamericana. La transición desde productos vendidos a granel hacia mercancías empacadas incrementa la necesidad de sistemas capaces de proteger, contener y facilitar la comercialización.
Mónica Conde ejemplificó esta evolución con productos que tradicionalmente se comercializaban a granel en mercados y tianguis mexicanos, como semillas y chiles secos, que actualmente pueden encontrarse en presentaciones preempacadas.
Aunque existe una corriente de consumo que busca recuperar la venta a granel para disminuir el uso de envases, el empaque continúa extendiéndose en numerosos canales de comercialización.
Desperdicio de alimentos y vida de anaquel
El desperdicio de alimentos suma otro factor estrechamente relacionado con las prestaciones técnicas del envase. Mónica Conde señaló que una tercera parte de los alimentos producidos en el mundo se pierde y vinculó una parte de estas pérdidas con la ausencia de condiciones adecuadas para prolongar la vida de anaquel.
La barrera frente a humedad, gases u otros factores de deterioro puede ser determinante para conservar un producto durante su almacenamiento y distribución. Cuando el sistema de envase no proporciona las condiciones necesarias, aumenta el riesgo de pérdida del contenido.
La precisión en el gramaje es otra variable. Una dosificación incorrecta puede generar pérdidas de producto que, a decir de la experta, forman parte del problema del desperdicio.
Comercio electrónico y mayor uso de materiales de protección
La expansión del comercio electrónico modificó las necesidades de embalaje, especialmente por las condiciones que implica transportar productos individualmente.
Cada pedido puede incorporar cajas, elementos de protección, adhesivos y materiales de relleno. A ello se suma el uso de embalajes cuyo tamaño puede superar considerablemente al del producto transportado.
El crecimiento del comercio electrónico, acelerado durante la pandemia, ha generado así una demanda adicional de materiales destinados a proteger los productos durante la distribución.
Envejecimiento poblacional y envases técnicos
El envejecimiento de la población destaca como otra fuerza de demanda. Se relacionó este fenómeno con el aumento de necesidades específicas en vivienda, alimentación y productos farmacéuticos.
En este ámbito adquieren importancia características como la dosificación y la trazabilidad. Los envases técnicos destinados a productos farmacéuticos pueden asumir funciones adicionales cuando los productos llegan a personas con diferentes grados de autonomía.
Circularidad, nuevas generaciones y regulación
La sexta fuerza corresponde a la presión por mejorar la circularidad de los envases. Se vinculó esta tendencia con las expectativas de consumidores jóvenes, particularmente de la generación Z, y con regulaciones que impulsan el uso de materiales reciclados, contenido posconsumo, reciclabilidad y sistemas de recarga.
Las seis fuerzas no operan de forma independiente. El crecimiento de la demanda convive con la necesidad de reducir el peso individual de los envases y aumentar su circularidad. Esta coexistencia representa uno de los principales retos de la industria hacia 2030.
De contener a circular: evolución del envase
La evolución histórica muestra un cambio progresivo en las funciones atribuidas al envase.
Entre 1800 y 1900, la prioridad estaba en contener y cerrar. Mónica Conde citó como ejemplo la aparición de la corcholata en 1892, relacionada con la posibilidad de evitar fugas de gas.
Entre 1900 y 1945, la conservación adquirió mayor importancia ante el crecimiento poblacional y la necesidad de preservar productos agrícolas y alimentos. En este periodo apareció el celofán, introducido en 1908 como uno de los primeros plásticos semisintéticos, con características de transparencia y protección.
Entre 1950 y 1970 se extendió el uso de plásticos en los establecimientos de autoservicio. En esta etapa apareció la bolsa de polietileno (PE) y, en 1959, la lata de aluminio.
Posteriormente, entre 1960 y 1980, la vida de anaquel se convirtió en uno de los principales objetivos técnicos. El sistema de envase de Tetra Pak fue citado como ejemplo de una solución basada en la combinación de materiales para prolongar la conservación. Se explicó que determinados envases para productos como leche UHT incorporan capas de cartón, plástico y aluminio.
Durante este mismo periodo surgieron formatos como el Doypack, mientras que entre 1980 y 2000 el envase comenzó a adquirir una función más estrechamente vinculada con el producto y con la conveniencia de uso.
El stand-up pouch representó otra etapa de esta evolución por su ligereza, capacidad de resellado y posibilidades para aplicaciones que demandan barrera.
A partir de 2000, la reducción de material cobró mayor peso. Mónica Conde utilizó como ejemplo las botellas de agua de 500 ml, cuyo peso habría pasado de aproximadamente 18-20 g a 9.25 g en determinados desarrollos. La reducción de espesor también se observó en otros materiales, como las latas de aluminio.
La etapa actual se caracteriza por la búsqueda simultánea de eficiencia y circularidad.
Reducir el gramaje no elimina la demanda de materiales
Uno de los argumentos desarrollados durante el webinar fue que la reducción del gramaje debe analizarse junto con el crecimiento del mercado.
La disminución del peso unitario de un envase puede reducir el material requerido para cada pieza, pero no necesariamente disminuye el consumo absoluto cuando aumenta el número de unidades comercializadas. Mónica Conde señaló como ejemplo que una reducción de hasta 40% en determinados envases no significa que el polietilén tereftalato (PET) deje de consumirse.
La misma tendencia de aligeramiento se ha buscado en papel, cartón, vidrio y madera. El efecto final sobre la demanda depende, por tanto, de la interacción entre reducción de material por unidad y crecimiento de las unidades producidas.
El mercado mundial de envases y la diferencia entre volumen y valor
La exposición distinguió entre el valor económico del mercado y el volumen físico de materiales utilizados. Según los datos presentados, el mercado mundial de envases habría pasado de aproximadamente 1.2 a 1.43 billones de dólares entre 2025 y 2030, con un crecimiento promedio cercano a 3.5 % entre los diferentes grupos de materiales.
Las seis familias consideradas registrarían crecimientos en valor de aproximadamente 2.3 a 3.7%. No obstante, se advirtió que estas cifras toman otra dimensión cuando se analizan en toneladas.
El valor económico incorpora factores como precio, mezcla y sofisticación, mientras que el tonelaje refleja de manera más directa la presión física sobre los materiales. Por esta razón, comparar ambas variables es relevante al evaluar la evolución de los sistemas de envase.
En la distribución mundial por volumen presentada, las fibras —incluidos cartón corrugado, papel y cartón para líquidos— representarían alrededor de 42%. La madera, utilizada principalmente en tarimas y huacales, tendría una participación cercana a 14%. Los plásticos representarían aproximadamente 24%, el vidrio 14% y los metales, principalmente hojalata y aluminio, alrededor de 6%.
Se destacó una característica particular de los plásticos: su baja densidad y ligereza frente al valor económico que pueden aportar en determinadas aplicaciones.
No existe un material óptimo para todas las aplicaciones
Uno de los criterios técnicos reiterados fue que ningún material obtiene el mejor desempeño en todas las variables.
La selección debe considerar, entre otros elementos, la funcionalidad, el desempeño, la huella de carbono, el costo y las condiciones de uso. Un material puede presentar ventajas en una variable y desventajas en otra.
El poliestireno (PS) y el poliestireno expandido (EPS) fueron citados como materiales con ciertas limitaciones en el cuadrante de evaluación presentado, particularmente por las dificultades ligadas con su recuperación y por el volumen que ocupan los materiales expandidos. Esto no significa que carezcan de aplicaciones adecuadas.
En otros casos, materiales como papel, cartón, películas de polietileno, bioplásticos, vidrio, aluminio o diferentes estructuras plásticas pueden ocupar posiciones distintas dependiendo de la aplicación específica.
La conclusión técnica es que no existe un material ganador en términos absolutos. La alternativa debe seleccionarse según la función requerida, el canal de distribución y la ocasión de consumo.
El sistema de envase debe evaluarse por su función
La misma mercancía puede comercializarse mediante diferentes sistemas de envase. Mónica Conde ejemplificó esta situación mediante formatos como lata, pouch, envases squeeze, porciones individuales, granel y cartón.
Cada configuración responde a necesidades distintas. La lata puede priorizar barrera y vida de anaquel; el pouch, ligereza y resellado; el formato squeeze, dosificación y conveniencia; la porción individual, control e higiene; el granel, escala y operación; mientras que algunas soluciones de cartón pueden combinar barrera y resellado.
La diversidad de formatos explica por qué la comparación entre materiales no puede limitarse a definir cuál tiene menor huella o menor peso sin considerar la función que debe cumplir el sistema completo.
Sustituir plástico no garantiza una menor huella
Durante el webinar se analizaron varios casos de sustitución del plástico por otros materiales. Entre ellos aparecieron botellas con estructuras exteriores de papel, envases para bebidas alcohólicas y vasos de papel.
Se cuestionó la idea de que un producto cuya apariencia exterior corresponde al papel sea necesariamente una solución libre de plástico. En los ejemplos citados, algunas estructuras requerían revestimientos internos, liners o componentes plásticos para proporcionar resistencia, barrera frente a humedad y capacidad de contención.
El mismo razonamiento se aplicó a los vasos de papel con recubrimientos plásticos. La combinación de materiales puede dificultar determinadas rutas de reciclaje del papel, por lo que el análisis debe considerar la estructura completa y no solamente el material predominante en la superficie.
La cuestión técnica, bajo este enfoque, no consiste en sustituir un material por otro de forma automática, sino en delimitar qué sistema proporciona la función requerida con el menor impacto posible.
Refill y reutilización: el sistema completo importa
Otro caso analizado fue un programa piloto de recarga de productos de cuidado personal mediante botellas de aluminio. Según los datos expuestos, el programa involucró inicialmente 10 tiendas Walmart y permitió evitar el uso de alrededor de 3,000 botellas, equivalentes a aproximadamente 126 kg de plástico, mientras se despacharon cerca de 2 toneladas de producto a granel.
El programa se amplió posteriormente a otras tiendas y el concepto de refill continuó, aunque la recarga puede realizarse actualmente mediante botellas de plástico reutilizadas o recipientes propios.
El caso ilustra que la reutilización debe evaluarse a partir del sistema completo. La sustitución del material de una botella no constituye por sí misma una demostración de menor impacto; intervienen factores como número de usos, logística, materiales, transporte y comportamiento del consumidor.
Análisis de ciclo de vida para tomar decisiones
La evaluación de los envases debe incorporar el ciclo completo del sistema. Mónica Conde resumió el proceso en variables como materiales, energía, agua, producción, transporte, logística, pérdidas de producto y emisiones.
Bajo este enfoque, el análisis de ciclo de vida no busca determinar de manera abstracta qué material es mejor. La pregunta consiste en identificar qué sistema de envase puede cumplir una función equivalente con el menor impacto total.
Este criterio resulta crucial cuando se comparan alternativas aparentemente más sostenibles. Una sustitución puede reducir un impacto específico y aumentar otro si no se consideran todas las etapas del sistema.
Tres polímeros concentran la mayor parte del envase plástico
Los datos presentados en Panorama AP sitúan al polietileno como el polímero con mayor participación en el mercado mundial de envases plásticos, con aproximadamente 40%. El PET representaría 25% y el polipropileno 20%, mientras que el conjunto de otros materiales alcanzaría 15%.
De acuerdo con las cifras expuestas, el volumen mundial de envases plásticos habría alcanzado 150 millones de toneladas en 2026, considerando envases rígidos, películas y materiales flexibles. Los tres polímeros principales concentrarían aproximadamente 85% de ese volumen.
En lo que respecta a México, Mónica Conde utilizó datos correspondientes a 2025 y estimó en 3 millones de toneladas el consumo de resinas destinadas a envase y embalaje. Dentro de este volumen, el polietileno de baja densidad (LDPE) y lineal (LLDPE) tendría una participación de 25.8%, el PET de 21.5%, el polipropileno de 19.7% y el polietileno de alta densidad (HDPE) de 18%.
En conjunto, los polietilenos representarían alrededor de 44% del consumo nacional de resinas para envase y embalaje considerado en la presentación.
Circularidad y regulación hacia 2030
La siguiente etapa para la industria estará marcada por la combinación entre desempeño técnico y cumplimiento regulatorio. Mónica Conde señaló que las empresas deberán diseñar los envases considerando las disposiciones internacionales y mexicanas relacionadas con contenido reciclado, trazabilidad y gestión posterior al consumo.
La presentación identificó tres fechas dentro del periodo 2026-2030 como puntos de seguimiento regulatorio. La primera corresponde al inicio de una clasificación de empresas en categorías A, B o C, de acuerdo con el tipo de productos y su reciclabilidad. Para 2029 se señaló la regulación del depósito y devolución obligatoria para botellas y latas. Para 2030 se mencionó la entrada en vigor de requisitos relacionados con contenido reciclado mínimo y un máximo de 50% de espacio vacío.
La presión regulatoria no será uniforme para todos los participantes de la cadena. Las marcas deberán identificar qué presentaciones ameritan rediseño; los convertidores y fabricantes tendrán que evaluar qué líneas podrían quedar limitadas y dónde sería necesaria una reconversión; los recicladores enfrentarán exigencias específicas relacionadas con la clasificación y comercialización del material recuperado.
A ello se suma una cuestión económica: mientras el material reciclado mantenga costos superiores a determinadas resinas vírgenes, el cumplimiento de objetivos de contenido reciclado dependerá de la evolución de los precios, la infraestructura de recuperación, separación y lavado, así como de la capacidad instalada.
El reto técnico: circularidad sin perder funcionalidad
La evolución del envase conduce a una etapa en la que reducir material ya no representa por sí mismo una respuesta suficiente. El envase debe conservar las propiedades necesarias para proteger el producto, soportar las condiciones logísticas, facilitar su uso y, al finalizar su vida útil, integrarse en sistemas de recuperación y reciclaje.
En este escenario, los materiales monomateriales aparecen como una de las líneas de desarrollo señaladas para los envases flexibles. Estas estructuras pueden conservar varias capas siempre que estén constituidas por materiales compatibles entre sí.
La industria se halla ante una combinación de objetivos que pueden entrar en tensión: menor cantidad de material, mayor desempeño, costos competitivos y posibilidades reales de recuperación. La respuesta no depende de una sustitución generalizada de materiales, sino del desarrollo de sistemas de envase adaptados a cada aplicación.
Conclusiones
El mercado de envases enfrenta una paradoja: la demanda continúa creciendo mientras las exigencias ambientales y regulatorias obligan a reducir el material utilizado por unidad y mejorar la circularidad de los sistemas.
Los cambios demográficos, las porciones individuales, el comercio electrónico, el envejecimiento poblacional, la necesidad de reducir el desperdicio de alimentos y las nuevas expectativas de los consumidores están ampliando las funciones que debe cumplir el envase. Paralelamente, la industria debe responder a requisitos relacionados con contenido reciclado, trazabilidad, reutilización y reciclabilidad.
Los datos expuestos durante el webinar muestran que el análisis del mercado cambia sustancialmente cuando se pasa del valor económico al volumen físico. Para las decisiones técnicas, esta diferencia adquiere un matiz clave porque el tonelaje permite observar con mayor claridad la presión ejercida sobre los materiales.
La selección de un envase, por tanto, no debería reducirse a comparar materiales de forma aislada. Función, desempeño, costo, logística, consumo de recursos, pérdidas de producto y gestión al final de la vida útil forman parte de una misma evaluación. El análisis de ciclo de vida proporciona, bajo el enfoque presentado, una herramienta para comparar sistemas que cumplen una función equivalente.
Hacia 2030, la dificultad para la industria estará en equilibrar crecimiento y circularidad sin sacrificar las prestaciones que justifican el uso de cada solución de envase. El reto no consiste simplemente en utilizar menos material, sino en determinar qué sistema puede cumplir la función requerida con el menor impacto posible y con una ruta viable de recuperación al finalizar su uso.
Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica.
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