Ventanas arqueológicas y lectura estratigráfica de la ciudad: aportaciones del Programa de Arqueología Urbana al conocimiento del recinto sagrado de Tenochtitlan

Exposición Asómate al Pasado

Por: Julio César

Resumen

El Centro Histórico de la Ciudad de México se encuentra asentado sobre una compleja secuencia de ocupaciones que comprende el periodo mexica, la transformación urbana posterior a la conquista, el desarrollo de la ciudad virreinal y las sucesivas modificaciones de los siglos XIX y XX. En este contexto, el subsuelo constituye un archivo material cuya investigación ha permitido reconstruir procesos de transformación arquitectónica, social y urbana que no siempre pueden observarse en la superficie. El Programa de Arqueología Urbana (PAU), creado en 1991 por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), desarrolla intervenciones arqueológicas principalmente en el área que correspondió al antiguo recinto sagrado de México-Tenochtitlan. Sus investigaciones han documentado estructuras ceremoniales, espacios habitacionales, elementos arquitectónicos y materiales asociados con distintas etapas de ocupación.

Las denominadas ventanas arqueológicas constituyen una de las estrategias mediante las cuales determinados vestigios pueden conservarse y hacerse visibles sin separar el patrimonio de la arquitectura urbana que se desarrolló posteriormente sobre ellos. Este modelo resulta particularmente significativo en un espacio donde la conservación integral de los restos prehispánicos se encuentra condicionada por la continuidad de la ciudad contemporánea. El presente trabajo examina el concepto de ventana arqueológica y su relación con la investigación urbana a partir de seis conjuntos representativos: el Palacio de Axayácatl, el Huei Tzompantli, el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl, el Juego de Pelota, la plataforma mexica localizada en la Casa del Marqués del Apartado y los vestigios asociados con el Calmécac. El análisis muestra cómo estos contextos permiten interpretar la transformación material del antiguo recinto sagrado y, simultáneamente, comprender la superposición histórica que caracteriza al Centro Histórico de la Ciudad de México.

Palabras clave

arqueología urbana; tenochtitlan; recinto sagrado; ventanas arqueológicas; arquitectura mexica; conservación in situ; centro histórico de la ciudad de méxico

Parte 1. El recinto sagrado de Tenochtitlan y la arqueología urbana del Centro Histórico

Introducción

Las ciudades históricas concentran diferentes temporalidades en un mismo espacio físico. Calles, edificios, plazas y sistemas constructivos que actualmente forman parte de la vida urbana pueden ocultar bajo sus superficies restos pertenecientes a etapas anteriores de ocupación. La arqueología urbana estudia precisamente esta condición de superposición, en la que la evidencia material de una sociedad se encuentra integrada, transformada o parcialmente destruida por las construcciones de periodos posteriores.

El Centro Histórico de la Ciudad de México constituye uno de los ejemplos más complejos de este fenómeno. Su configuración contemporánea se desarrolló sobre el espacio que anteriormente ocupó México-Tenochtitlan y, de manera particular, sobre el área correspondiente a su recinto sagrado. Las excavaciones efectuadas durante diferentes momentos de la historia de la investigación arqueológica han demostrado que el subsuelo conserva estructuras, pisos, rellenos, elementos escultóricos y materiales que documentan diferentes fases de ocupación. El Programa de Arqueología Urbana del INAH fue establecido en 1991 precisamente con el objetivo de investigar y proteger el patrimonio arqueológico localizado en esta zona, así como estudiar los procesos de transformación ocurridos a lo largo de varios siglos de ocupación continua.

La relevancia del PAU no reside exclusivamente en la recuperación de objetos o estructuras aisladas. Su aportación consiste en integrar los datos procedentes de excavaciones de rescate y salvamento dentro de una lectura más amplia del desarrollo urbano. La intervención arqueológica adquiere así una dimensión histórica: un muro, un piso, un relleno constructivo o un fragmento cerámico pueden aportar información sobre la función de un espacio, su cronología, las modificaciones que experimentó y las circunstancias que determinaron su abandono o reutilización.

Esta perspectiva resulta especialmente pertinente en Tenochtitlan, donde la conquista y la posterior construcción de la ciudad virreinal transformaron profundamente el paisaje arquitectónico prehispánico. La reutilización de materiales, la superposición de construcciones y la destrucción parcial de edificios generaron una estratigrafía urbana en la que distintos momentos históricos quedaron físicamente asociados. La investigación arqueológica debe, por ello, interpretar cada vestigio dentro de su contexto espacial y estratigráfico, evitando considerar las estructuras prehispánicas como elementos independientes de la ciudad que posteriormente se edificó sobre ellas.

La propia evolución del PAU evidencia esta transición desde una concepción centrada en el rescate hacia un modelo que incorpora la conservación y la puesta en valor. El INAH ha señalado que el programa comenzó con el propósito de conservar los vestigios localizados en el perímetro del recinto sagrado y posteriormente amplió su perspectiva hacia la apropiación social y la presentación pública del patrimonio.

Dentro de esta estrategia, las ventanas arqueológicas adquieren una función específica. Se trata de espacios en los que una parte del subsuelo es excavada, estabilizada y conservada para hacer visible una evidencia arqueológica sin eliminar necesariamente el inmueble o la infraestructura urbana construida sobre ella. La ventana funciona, por tanto, como una interfaz entre dos realidades: el espacio urbano contemporáneo y el registro material de las sociedades que lo precedieron.

El presente artículo se basa en la información proporcionada por la exposición Asómate al pasado del Programa de Arqueología Urbana (PAU), visitada durante el verano de 2026.

El recinto sagrado como unidad arqueológica

El recinto sagrado de Tenochtitlan constituyó el núcleo ceremonial, político y simbólico de la ciudad mexica. Su organización espacial no puede entenderse únicamente como una concentración de templos. La disposición de los edificios, plazas, plataformas, adoratorios y espacios rituales respondía a una concepción particular del universo y a una estructura política en la que religión y gobierno se encontraban estrechamente relacionados.

Las fuentes históricas, entre ellas la obra de Bernardino de Sahagún, proporcionaron información esencial para aproximarse a la configuración del recinto. No obstante, la investigación arqueológica ha demostrado que la descripción documental debe contrastarse continuamente con la evidencia material. La ubicación precisa, dimensiones, fases constructivas y relaciones espaciales de numerosos edificios sólo pueden establecerse mediante la combinación de fuentes históricas, excavación arqueológica, análisis arquitectónico y estudios especializados.

El Templo Mayor constituye el principal punto de referencia de este sistema. Sus sucesivas ampliaciones muestran una práctica constructiva mediante la cual una nueva estructura era edificada sobre la anterior, conservando determinadas características esenciales del edificio precedente. Esta superposición produjo una secuencia arquitectónica que actualmente constituye una de las fuentes más importantes para comprender la evolución constructiva de Tenochtitlan.

Las excavaciones del PAU han ampliado esta lectura hacia los espacios que rodeaban al Templo Mayor. Investigaciones realizadas en predios como Donceles 97, Guatemala 16 y Guatemala 24, así como en la Casa del Marqués del Apartado y otros puntos del Centro Histórico, han permitido localizar elementos pertenecientes al complejo ceremonial y establecer relaciones entre diferentes edificios y fases constructivas.

Desde esta perspectiva, cada ventana arqueológica constituye una muestra localizada de un sistema urbano mucho más extenso. Su valor no depende únicamente de la espectacularidad del hallazgo, sino de la información que puede aportar sobre la organización espacial del recinto, las prácticas rituales, los procesos constructivos y las transformaciones que experimentó el área después de la conquista.

Ventanas arqueológicas: conservación, interpretación y acceso al patrimonio

La conservación de restos arqueológicos dentro de una ciudad activa plantea un problema distinto al que enfrenta una zona arqueológica localizada fuera de un entorno urbano. En el Centro Histórico, las estructuras prehispánicas se encuentran bajo edificios históricos, calles, instalaciones y espacios que continúan desempeñando funciones contemporáneas. La excavación no puede entenderse, por ello, como un proceso orientado exclusivamente a descubrir estructuras: también debe considerar las condiciones que harán posible su conservación después de la investigación.

Las ventanas arqueológicas surgen en este contexto como una solución de carácter patrimonial. Su diseño busca mantener determinados vestigios en el lugar donde fueron encontrados y establecer una relación visual entre el visitante y el registro arqueológico. El resultado es una forma de conservación in situ que incorpora el contexto arquitectónico posterior como parte de la historia del sitio.

Este planteamiento también modifica la manera en que el público percibe el patrimonio. Una estructura enterrada deja de ser una evidencia exclusivamente accesible mediante informes técnicos, fotografías o planos y adquiere una presencia física dentro de la ciudad. El observador puede reconocer que el espacio urbano actual se encuentra construido sobre diferentes momentos históricos.

El PAU ha desarrollado este enfoque mediante proyectos de investigación, conservación y puesta en valor. El propio INAH identifica entre sus intervenciones las ventanas arqueológicas de la calle República de Argentina y de la Casa del Marqués del Apartado, así como los trabajos relacionados con el Calmécac, el Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl y el Juego de Pelota.

El concepto de ventana resulta particularmente apropiado porque no pretende mostrar la totalidad del sitio. Presenta una sección limitada del registro y obliga al visitante a interpretar aquello que observa como parte de una estructura más amplia. La evidencia visible funciona, de esta manera, como un fragmento de un sistema arqueológico cuya comprensión depende de la investigación científica que lo contextualiza.

El subsuelo como registro de transformación urbana

Uno de los aspectos más relevantes de la arqueología urbana en el Centro Histórico consiste en que los vestigios no documentan exclusivamente la sociedad mexica. El registro estratigráfico contiene evidencias correspondientes a diferentes periodos, desde las ocupaciones prehispánicas hasta las transformaciones coloniales y modernas.

La destrucción parcial de edificios mexicas durante la conquista produjo nuevos contextos arqueológicos. Los materiales procedentes de estructuras demolidas pudieron ser reutilizados en construcciones posteriores, mientras que algunos espacios fueron rellenados o modificados para adaptarlos a nuevas funciones. De esta manera, los procesos de destrucción y reutilización se convierten también en fuentes de información histórica.

La Casa de Axayácatl constituye un ejemplo particularmente ilustrativo. Las excavaciones realizadas por el PAU en la Casa Matriz del Nacional Monte de Piedad documentaron restos vinculados con el antiguo palacio mexica y evidencias de reutilización de materiales constructivos en estructuras posteriores. El contexto permite observar cómo la arquitectura prehispánica no desapareció de manera instantánea, sino que parte de sus componentes quedó incorporada a la nueva configuración urbana.

Este fenómeno obliga a interpretar el subsuelo como una secuencia dinámica. Un muro puede haber sido construido en un periodo, modificado posteriormente, reutilizado como parte de otra estructura y finalmente cubierto por construcciones de épocas posteriores. La arqueología urbana reconstruye estas relaciones mediante el análisis estratigráfico, arquitectónico y material.

La ciudad actual constituye, por tanto, la expresión visible de una historia mucho más profunda. Las ventanas arqueológicas hacen perceptible una pequeña parte de esa secuencia, mientras que la investigación permite reconstruir las relaciones que no son directamente observables.

Alcance de la investigación

La investigación del recinto sagrado de Tenochtitlan permanece abierta. Aunque las excavaciones realizadas durante décadas han modificado sustancialmente el conocimiento sobre la arquitectura mexica, numerosos espacios continúan ocultos bajo inmuebles, calles e infraestructura contemporánea. El carácter fragmentario del registro impone límites a cualquier reconstrucción completa del conjunto.

Esta condición no constituye una deficiencia metodológica, sino una característica inherente a la arqueología urbana. La información se obtiene mediante intervenciones localizadas que deben responder tanto a objetivos científicos como a las necesidades de conservación y protección del patrimonio. Cada nueva excavación puede aportar información capaz de modificar interpretaciones previamente establecidas.

El propio PAU se concibe como un programa de investigación permanente sobre un territorio en el que la ocupación humana ha producido transformaciones durante varios siglos. Su carácter interdisciplinario incorpora arqueología, antropología física, restauración, historia, arquitectura y herramientas tecnológicas aplicadas al registro y análisis del patrimonio.

Las ventanas arqueológicas deben comprenderse dentro de este proceso. No constituyen únicamente espacios destinados a exhibir restos antiguos, sino puntos de acceso a una investigación más amplia sobre la evolución de la ciudad. Su verdadera aportación radica en hacer visible la continuidad histórica del territorio y en establecer una conexión directa entre el conocimiento especializado y el espacio urbano cotidiano.

Parte 2. Desarrollo de los contextos arqueológicos

Evidencia arqueológica y transformación del recinto sagrado

Las ventanas arqueológicas analizadas en esta exposición permiten aproximarse a diferentes componentes del antiguo recinto sagrado de Tenochtitlan y, al mismo tiempo, observar los procesos de transformación que experimentó este espacio después de la conquista. Los vestigios no constituyen unidades aisladas. Pisos, escalinatas, plataformas, muros, esculturas, rellenos constructivos y materiales arqueológicos forman parte de secuencias arquitectónicas cuya interpretación depende de su posición y de las relaciones que mantienen con otros elementos.

Los seis contextos considerados —el Palacio de Axayácatl, el Huei Tzompantli, el Templo de Ehécatl, el Juego de Pelota, la plataforma mexica de la Casa del Marqués del Apartado y el Calmécac— muestran funciones distintas dentro de la organización de Tenochtitlan. Su estudio permite reconocer espacios relacionados con el poder político, la actividad ritual, la educación de la nobleza y determinadas prácticas ceremoniales. De manera paralela, algunos de estos contextos documentan la destrucción, reutilización y transformación de materiales prehispánicos durante las primeras etapas de la ciudad virreinal.

El Palacio de Axayácatl: destrucción y reutilización de la arquitectura mexica

Las excavaciones realizadas por el Programa de Arqueología Urbana en la Casa Matriz del Nacional Monte de Piedad, entre 2017 y 2018, proporcionaron evidencias sobre la destrucción casi total del Palacio de Axayácatl. Entre los elementos identificados destaca un piso de lajas de basalto perteneciente a un patio, localizado al fondo de la ventana arqueológica y situado a un costado del patio principal.

Sobre este piso se documentó un relleno compuesto por piedras de tezontle y basalto, algunas de ellas labradas, además de cerámica y herramientas de piedra. Estos materiales constituyen evidencia de las transformaciones que afectaron el espacio después de la invasión de los soldados ibéricos y sus aliados indígenas.

El contexto también muestra que la destrucción no significó la desaparición inmediata de todos los materiales asociados con la arquitectura mexica. Algunos elementos procedentes de la demolición fueron reutilizados en construcciones posteriores. En un cuarto habitacional se identificaron bloques empotrados con representaciones prehispánicas en alto relieve, integrados a una arquitectura correspondiente a una etapa posterior.

Este espacio formó parte de la casa construida por encargo de Hernán Cortés, quien la habitó durante algunos años. El inmueble tuvo también una función temporal como sede del Cabildo de la Ciudad de México, entonces capital de la Nueva España hacia 1524, y estuvo relacionado con el Marquesado del Valle de Oaxaca, título concedido a Hernán Cortés en 1529.

La secuencia material documentada en este lugar permite reconocer una transformación que abarca diferentes sistemas políticos y arquitectónicos. La arquitectura asociada con el poder mexica fue parcialmente destruida y sus materiales pasaron a formar parte de nuevas construcciones vinculadas con el orden colonial. El subsuelo conserva, de este modo, evidencias de una transición histórica que puede ser reconstruida mediante la relación entre arquitectura, materiales y estratigrafía.

El Huei Tzompantli: una estructura vinculada con el ritual

En el inmueble localizado en Guatemala 24, el Programa de Arqueología Urbana detectó en 2015 los restos del Huei Tzompantli de Tenochtitlan. El contexto se encontraba asociado con un edificio dedicado a Huitzilopochtli, deidad tutelar y solar de los mexicas, en el que se exhibían los cráneos de individuos sacrificados a la deidad.

La estructura corresponde a una plataforma rectangular orientada hacia el este, construida con sillares de tezontle y recubierta con estuco. En ella se conservan evidencias de orificios circulares que pudieron utilizarse para fijar postes de madera. Estos elementos habrían sostenido los travesaños en los que se atravesaban los cráneos.

La plataforma presenta tres etapas constructivas y, de acuerdo con la información de la exposición, pudo haber alcanzado aproximadamente 36 metros de longitud por 16 metros de anchura. La existencia de diferentes fases constructivas indica que la estructura experimentó modificaciones durante su periodo de funcionamiento.

En el costado norte del edificio se identificó una torre circular elaborada con cientos de cráneos unidos mediante argamasa de cal y arcilla. La estructura alcanzó aproximadamente 1.80 metros de altura y 4.70 metros de diámetro. Parte de esta torre fue destruida durante la toma de Tenochtitlan por los soldados ibéricos y sus aliados indígenas.

La altura original y el número total de cráneos que integraban la estructura permanecen desconocidos. La composición del conjunto constituye, asimismo, un elemento relevante para su interpretación, ya que estaba integrado principalmente por adultos jóvenes masculinos, aunque también se identificó una presencia importante de mujeres y algunos infantes.

El Huei Tzompantli permite aproximarse a una práctica ritual en la que arquitectura y restos humanos formaban un mismo dispositivo ceremonial. Su configuración no puede comprenderse exclusivamente desde sus dimensiones físicas; la estructura adquiere significado dentro de las prácticas religiosas y de la concepción del sacrificio que caracterizaban a la sociedad mexica.

El Templo de Ehécatl: arquitectura y orientación ceremonial

En 2010, el Programa de Arqueología Urbana descubrió en el predio ubicado en Guatemala 16 los restos del Templo de Ehécatl, asociado con el dios del viento. El edificio está constituido por una plataforma rectangular de dos cuerpos, de aproximadamente 34 metros de longitud, a la que se adosa una estructura circular en la parte posterior.

La sección principal del edificio se encuentra orientada hacia el oriente y permanece bajo los edificios aledaños. La estructura presenta una relación de alineación con el edificio de Tláloc localizado en el Templo Mayor. Esta disposición espacial constituye un elemento relevante para analizar la organización del recinto y la relación entre los diferentes edificios ceremoniales.

Hasta el momento señalado en la exposición se habían identificado tres etapas constructivas, contemporáneas con las etapas V, VI y VII del Templo Mayor, correspondientes al periodo comprendido entre 1481 y 1520.

La orientación hacia el este puede relacionarse con la tradición cosmogónica vinculada con el nacimiento del Quinto Sol en Teotihuacán. De acuerdo con el relato, después del sacrificio de Nanahuatzin, convertido en Sol, los dioses se preguntaron por dónde aparecería el astro. Xipe y Ehécatl señalaron el rumbo oriental como el lugar de su salida.

Las fuentes históricas también aportan información sobre la configuración arquitectónica del templo. Fray Diego Durán y Fray Juan de Torquemada lo describieron como un basamento elevado que sostenía un edificio redondo. La entrada al templo tenía, según estas descripciones, la forma de fauces de serpiente.

La combinación entre evidencia arquitectónica, orientación espacial y fuentes históricas permite aproximarse a la función del edificio sin reducir su interpretación a un solo elemento. El Templo de Ehécatl forma parte de una arquitectura ceremonial cuya ubicación y configuración estaban relacionadas con concepciones religiosas y cosmológicas.

El Juego de Pelota: arquitectura para una práctica ritual

La construcción de un nuevo edificio en Guatemala 16 generó entre 2014 y 2016 una nueva oportunidad de investigación arqueológica. Durante las intervenciones del PAU se descubrieron los restos de una plataforma orientada de este a oeste que, por su ubicación y características, se interpreta como parte del juego de pelota o Teotlachco, denominado en la exposición “El juego de los dioses”.

El juego de pelota constituía una de las prácticas rituales relevantes de la época prehispánica. La plataforma documentada presenta tres etapas constructivas correspondientes al periodo comprendido entre 1481 y 1520. Durante su última fase alcanzó un ancho aproximado de nueve metros y se encontraba a 6.45 metros al sur del Templo de Ehécatl.

En el extremo occidental se localizaron los restos de una escalinata que posiblemente estuvo relacionada con el cabezal poniente. De acuerdo con la interpretación planteada, por este sector pudieron ingresar los jugadores a la cancha.

La orientación oriente-poniente del conjunto establece, asimismo, una relación espacial con el adoratorio de Huitzilopochtli en el Templo Mayor. Esta correspondencia permite considerar el juego de pelota dentro de una organización arquitectónica más amplia, en la que diferentes edificios rituales mantenían relaciones espaciales determinadas.

El extremo opuesto de la plataforma está constituido por la superposición de tres muros estucados. El correspondiente a la penúltima etapa constructiva alcanza 1.95 metros de altura y es el mejor conservado de los tres.

La estructura proporciona información sobre la evolución constructiva del espacio y sobre la integración del juego de pelota dentro del recinto sagrado. Su análisis permite considerar esta actividad no como un elemento independiente, sino como parte de una arquitectura ceremonial organizada en relación con otros edificios y espacios rituales.

La plataforma mexica de la Casa del Marqués del Apartado

La ventana arqueológica de la Casa del Marqués del Apartado ocupa un lugar particular dentro de la historia de la arqueología urbana de la Ciudad de México. Fue la primera ventana arqueológica abierta al público en el Centro de la ciudad y conserva restos de una estructura prehispánica bajo un inmueble de época posterior.

En la estructura se observa una escalinata con alfardas intermedias que delimitan los peldaños. El hallazgo se produjo en 1901 durante las investigaciones realizadas por el arqueólogo Leopoldo Batres, quien también descubrió dos esculturas de piedra: una serpiente de fuego o xiuhcóatl y un recipiente para ofrendas con forma de jaguar, identificado como océlotl cuahxicalli.

La función exacta de la escalinata no ha quedado establecida de manera definitiva. Se ha planteado que pudo comunicar con el Templo de Coateocalli, dedicado a los dioses de los pueblos conquistados, o con el Templo de Cihuacóatl. Ambos edificios eran contiguos, por lo que las investigaciones futuras deberán determinar cuál de ellos estuvo relacionado con la estructura.

Después de su descubrimiento, la escalinata permaneció cubierta bajo el patio durante varios años. En 2018, la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal, a través del Programa de Arqueología Urbana del INAH, realizó trabajos de mantenimiento con el propósito de hacer nuevamente visible el vestigio para el público.

El caso permite observar una de las principales características de las ventanas arqueológicas: la conservación de una evidencia prehispánica dentro de un espacio urbano que continuó transformándose. La estructura no se presenta como un monumento aislado, sino como una capa histórica integrada en la configuración posterior del inmueble.

El Calmécac: educación, nobleza y arquitectura

La construcción de un nuevo edificio en Donceles 97, promovida por el Centro Cultural de España en México, requirió la intervención del Programa de Arqueología Urbana. Las excavaciones permitieron identificar vestigios mexicas que incluyen un piso de lajas de basalto, una banqueta y el arranque de una escalinata contemporánea con la etapa VII del Templo Mayor, fechada entre 1502 y 1520.

La penúltima etapa constructiva del edificio corresponde a la etapa VI, fechada entre 1486 y 1502. En ella se identificaron los restos de un aposento con piso de estuco, una banqueta y el desplante de pilastras destinadas a soportar la cubierta.

La interpretación propuesta establece que estos vestigios pudieron formar parte del Calmécac, institución educativa conocida como “Hilera de Casas”, donde eran educados los hijos de los nobles mexicas. En este espacio recibían formación para desempeñarse como sacerdotes y se preparaba también a quienes posteriormente ocuparían funciones de gobierno en Tenochtitlan.

El conjunto arqueológico aportó otros elementos de interés. Se localizaron siete grandes almenas de barro con forma de caracol seccionado y, dentro de un pozo correspondiente al periodo virreinal temprano, fechado entre 1521 y 1620, se encontraron dos esculturas de piedra que representan a Mictlantecuhtli, deidad de la muerte, y Xiuhtecuhtli, deidad solar.

La interpretación proporcionada por la exposición señala que estas esculturas fueron depositadas con el propósito de protegerlas y evitar su destrucción. El hallazgo introduce una dimensión adicional en la lectura del contexto: los objetos rituales asociados con el mundo mexica no desaparecieron necesariamente al producirse el cambio político, sino que pudieron ser ocultados deliberadamente.

El Calmécac aporta así información sobre una dimensión menos visible del recinto sagrado: la formación de los grupos que ocuparían posiciones religiosas y políticas dentro de la sociedad mexica. Su posible identificación amplía la interpretación del conjunto más allá de los grandes templos y espacios estrictamente ceremoniales.

Parte 3. Discusión y conclusiones 

Discusión

Las evidencias reunidas por el Programa de Arqueología Urbana muestran que el antiguo recinto sagrado de Tenochtitlan no puede interpretarse como un espacio arquitectónico homogéneo. Su configuración estuvo determinada por la coexistencia de edificios con funciones diferenciadas, sucesivas etapas constructivas y relaciones espaciales vinculadas con la organización religiosa y política de la sociedad mexica.

El conjunto de ventanas arqueológicas permite reconocer esta diversidad a partir de contextos localizados. El Palacio de Axayácatl introduce la dimensión política y residencial del poder; el Huei Tzompantli documenta una arquitectura vinculada con prácticas rituales y sacrificio; el Templo de Ehécatl y el Juego de Pelota muestran la articulación entre arquitectura, orientación y actividad ceremonial; la plataforma del Marqués del Apartado aporta evidencia de estructuras cuya función específica continúa abierta a la investigación; mientras que el Calmécac permite aproximarse a los espacios destinados a la formación de la nobleza.

Esta diversidad funcional resulta relevante porque evita reducir el recinto sagrado a la imagen de un conjunto dominado exclusivamente por el Templo Mayor. Aunque este constituía el núcleo monumental de Tenochtitlan, los vestigios investigados por el PAU muestran la existencia de una organización espacial más amplia, compuesta por edificios, plataformas y espacios destinados a diferentes actividades.

La secuencia constructiva constituye otro elemento común entre varios de los contextos estudiados. Tanto el Templo de Ehécatl como el Juego de Pelota presentan diferentes etapas arquitectónicas, lo que evidencia que estos espacios no fueron estructuras estáticas. Su configuración cambió a lo largo del tiempo, de acuerdo con procesos de renovación y transformación del recinto.

La evidencia también permite observar que la historia del espacio no terminó con la destrucción de Tenochtitlan. Los restos del Palacio de Axayácatl muestran materiales prehispánicos incorporados a construcciones posteriores, mientras que en el contexto del Calmécac se identificaron esculturas mexicas depositadas durante el periodo virreinal temprano. La arquitectura y los objetos conservaron, por tanto, parte de su trayectoria dentro de la nueva configuración urbana.

Desde esta perspectiva, el subsuelo del Centro Histórico puede entenderse como un registro estratificado de transformaciones sucesivas. Cada capa arqueológica contiene información sobre una determinada etapa, pero su valor aumenta cuando puede relacionarse con las capas que la precedieron y con aquellas que se desarrollaron posteriormente.

Las ventanas arqueológicas adquieren su significado precisamente dentro de esta condición. Su función no consiste únicamente en exhibir estructuras antiguas, sino en hacer perceptible una parte de un registro que permanece integrado en la ciudad contemporánea. El visitante observa un vestigio localizado, pero detrás de esa evidencia existe una secuencia histórica mucho más extensa.

La conservación de estos espacios también plantea una cuestión metodológica. En una ciudad cuya ocupación ha sido prácticamente continua durante siglos, no siempre resulta posible dejar completamente expuestos los hallazgos arqueológicos. La construcción de nuevas estructuras, la conservación de edificios históricos y la infraestructura urbana forman parte de la realidad actual del territorio. La ventana arqueológica constituye, en este contexto, una forma de establecer una relación entre la preservación del patrimonio y la continuidad de la ciudad.

El valor de estas intervenciones se encuentra, por tanto, en la posibilidad de conservar evidencias significativas sin desvincularlas del espacio urbano donde fueron localizadas. El patrimonio arqueológico permanece integrado en el lugar y puede ser interpretado a partir de su relación con las estructuras posteriores.

El Programa de Arqueología Urbana adquiere así una función que supera el rescate puntual de materiales. El seguimiento de las obras de rehabilitación de edificios históricos, así como de las intervenciones en plazas y calles, genera oportunidades para documentar vestigios que de otra manera permanecerían desconocidos. La investigación arqueológica se convierte en un componente de la gestión del territorio histórico.

La principal limitación del conocimiento actual deriva precisamente de la naturaleza fragmentaria de este registro. El recinto sagrado continúa parcialmente oculto bajo edificios y espacios urbanos. Las investigaciones realizadas hasta ahora han ampliado considerablemente el conocimiento disponible, pero no permiten establecer todavía una reconstrucción completa de todos sus componentes y relaciones.

Esta condición mantiene abierta la investigación. Cada nueva intervención puede aportar información sobre estructuras desconocidas, fases constructivas no identificadas o relaciones espaciales que modifiquen interpretaciones anteriores. La arqueología urbana se desarrolla, por ello, como un proceso acumulativo en el que cada hallazgo adquiere sentido dentro de un conocimiento que permanece en construcción.

Conclusiones

Las ventanas arqueológicas del Centro Histórico de la Ciudad de México constituyen una estrategia de conservación y divulgación que permite mantener visibles determinados vestigios prehispánicos dentro de una ciudad edificada sobre sucesivas etapas históricas. Su valor no se limita a la exhibición de estructuras antiguas: funcionan como puntos de acceso a procesos de investigación que permiten reconstruir aspectos de la organización arquitectónica, ritual, política y social de Tenochtitlan.

Los contextos examinados evidencian la diversidad funcional del antiguo recinto sagrado. El Palacio de Axayácatl se relaciona con las estructuras de poder y residencia de la élite; el Huei Tzompantli con prácticas rituales vinculadas con el sacrificio; el Templo de Ehécatl con una arquitectura asociada a una deidad y a determinadas concepciones cosmológicas; el Juego de Pelota con una actividad ceremonial; el Calmécac con la formación de la nobleza; y la plataforma de la Casa del Marqués del Apartado con una estructura cuya función específica continúa siendo objeto de investigación.

La evidencia arquitectónica también demuestra que estos espacios experimentaron modificaciones a lo largo del tiempo. Las diferentes etapas constructivas identificadas en algunos edificios indican procesos de transformación anteriores a la conquista, mientras que los materiales reutilizados y los objetos ocultados documentan cambios posteriores asociados con la transición hacia el periodo virreinal.

La arqueología urbana permite, de esta manera, estudiar no sólo las estructuras que permanecieron de la ciudad mexica, sino también las transformaciones que sufrieron después de su destrucción. El subsuelo se convierte en un registro de continuidad y ruptura, en el que materiales de diferentes épocas aparecen asociados como consecuencia de los procesos históricos que experimentó el territorio.

El Programa de Arqueología Urbana ha contribuido a ampliar este conocimiento mediante intervenciones de rescate y salvamento vinculadas con la transformación permanente del Centro Histórico. Cada obra de rehabilitación, remodelación o intervención urbana puede constituir una oportunidad para identificar y documentar nuevas evidencias.

La existencia de numerosos vestigios aún ocultos demuestra que el conocimiento del antiguo recinto sagrado permanece incompleto. Esta condición no disminuye el valor de los hallazgos conocidos; por el contrario, evidencia que la investigación arqueológica continúa siendo necesaria para comprender una ciudad cuya historia se extiende a través de múltiples capas de ocupación.

Las ventanas arqueológicas hacen visible una parte de esa historia. Al establecer una conexión directa entre el subsuelo y el espacio urbano contemporáneo, convierten la conservación arqueológica en una experiencia accesible sin separar los vestigios de la ciudad que los contiene. Cada una funciona, en última instancia, como una abertura hacia una secuencia histórica que permanece parcialmente enterrada y cuyo conocimiento continúa ampliándose mediante la investigación.

Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica. 

IG: @imjucesar // LinkedIn @imjucesar

Referencias (6)

Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Programa de Arqueología Urbana. Información institucional incluida en la exposición Asómate al pasado del Programa de Arqueología Urbana (PAU), consultada durante una visita en verano de 2026.

Programa de Arqueología Urbana (PAU). Información arqueológica y descriptiva de las ventanas arqueológicas del Centro Histórico de la Ciudad de México. Material de la exposición Asómate al pasado, consultado durante una visita en verano de 2026.

Secretaría de Cultura del Gobierno Federal / Instituto Nacional de Antropología e Historia. Información sobre conservación, mantenimiento y apertura al público de ventanas arqueológicas en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Material incluido en la exposición, consultado durante una visita en verano de 2026.

Sahagún, Bernardino de. Historia general de las cosas de la Nueva España. Referencia histórica citada en el material de la exposición.

Durán, Diego. Descripciones históricas del Templo de Ehécatl citadas en el material de la exposición.

Torquemada, Juan de. Descripciones históricas del Templo de Ehécatl citadas en el material de la exposición.

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