Diccionario del español de México: la historia del proyecto que registra cómo se usa el español en México

Diccionario del español de México

Por: Julio César

El Diccionario del español de México nació en 1973 para estudiar cómo se usa el español en el país. Conoce su historia, método y diferencias con el DLE.


Cuando surge una duda sobre una palabra, una de las primeras referencias que suele aparecer es el diccionario de la Real Academia Española. Pero esa no es la única obra que estudia y registra el español. En México existe desde hace décadas un proyecto lexicográfico propio: el Diccionario del español de México (DEM), elaborado por El Colegio de México para documentar el vocabulario y los usos de la lengua en el país.

Su historia comenzó en 1973, cuando el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México puso en marcha una investigación destinada a conocer de manera sistemática el vocabulario utilizado en México. El proyecto fue coordinado por el lingüista Luis Fernando Lara y con el tiempo dio lugar a una obra que no se limita a reunir “mexicanismos”, sino que pretende describir de manera integral el español tal como se utiliza en México.

¿Por qué México necesitaba su propio diccionario?

La idea no surgió de la intención de sustituir al diccionario académico, sino de una pregunta distinta: ¿cómo se usa realmente el español en México?

La historia del proyecto se remonta a 1972, cuando Antonio Alatorre, entonces vinculado con El Colegio de México, recibió el encargo de estudiar la viabilidad de elaborar un diccionario que, a diferencia del de la Real Academia Española, tomara en cuenta específicamente el léxico utilizado en México. Luis Fernando Lara fue quien desarrolló el estudio inicial y posteriormente quedó al frente del proyecto.

El planteamiento tenía una dificultad de fondo: para elaborar un diccionario que describiera el español mexicano no bastaba con recopilar listas de palabras consideradas propias del país. Era necesario saber qué palabras se utilizaban, con qué frecuencia, en qué regiones, en qué tipos de textos y con qué significados.

De ahí surgió uno de los componentes centrales de la investigación: el Corpus del español mexicano contemporáneo (CEMC).

La investigación empezó mucho antes de que existiera el diccionario

El CEMC reunió materiales escritos y orales producidos en México entre 1921 y 1974. El corpus quedó integrado por 996 muestras de 2,000 palabras gráficas cada una, procedentes de distintos géneros, entre ellos literatura, periodismo, textos científicos y técnicos, discurso político y religioso, conversaciones y materiales de carácter popular.

La elección de fuentes fue importante porque el proyecto no quería construir una imagen del español mexicano a partir de las palabras que un grupo de especialistas considerara “mexicanas”. El objetivo era observar el idioma en uso y obtener datos que permitieran estudiar tanto el vocabulario general como sus particularidades.

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El trabajo tuvo, además, una característica poco común para la época. En 1973, cuando comenzó la investigación, el uso de computadoras para estudios lingüísticos todavía era poco habitual. El equipo del proyecto desarrolló procedimientos para analizar automáticamente las palabras del corpus y calcular su frecuencia y distribución. Para finales de 1976, el corpus ya había sido analizado y había permitido identificar más de 64,000 formas diferentes.

Ese trabajo sirvió como base para decidir qué vocablos debían incorporarse al diccionario y para estudiar los diferentes sentidos que adquirían dentro de sus contextos de uso.

Antes del DEM hubo otros diccionarios

El proyecto no pasó directamente de la investigación de 1973 al diccionario que hoy se consulta en internet. El Colegio de México desarrolló distintas versiones a lo largo de varias décadas.

El primer resultado fue el Diccionario fundamental del español de México, publicado en 1982. Le siguió el Diccionario básico del español de México, de 1986, y después el Diccionario del español usual en México, publicado en 1996. Estas obras fueron ampliando el vocabulario estudiado hasta llegar al proyecto integral que finalmente adoptó el nombre de Diccionario del español de México.

La primera edición del DEM apareció en 2010, dirigida por Luis Fernando Lara. La edición impresa reunió aproximadamente 25,000 vocablos y cerca de 50,000 acepciones.

El proyecto, sin embargo, no terminó con aquella publicación. La investigación continuó y el corpus se amplió para incorporar materiales posteriores. En 2019 se presentó una segunda edición en línea, corregida y ampliada, que incorporó alrededor de 10,000 artículos nuevos y alcanzó más de 32,000 artículos lexicográficos.

¿El DEM es un diccionario de mexicanismos?

No exactamente. Esa es una de las diferencias que vale la pena conocer.

El propio proyecto lo define como un diccionario integral del español en su variedad mexicana. Esto significa que no registra únicamente palabras originarias de México o voces que se utilizan exclusivamente en el país. Incluye el vocabulario general del español cuando forma parte del uso mexicano, además de registrar diferencias de significado, empleo o distribución frente a otras variedades.

Por ejemplo, una palabra puede existir tanto en México como en España, pero utilizarse de manera diferente. El DEM estudia precisamente esas variaciones. Su interés no consiste solamente en determinar si una palabra “es mexicana”, sino en documentar cómo funciona dentro del español utilizado en México.

Por eso, encontrar una palabra en el DEM no significa necesariamente que se trate de un mexicanismo. Puede ser una voz compartida por buena parte del mundo hispanohablante cuyo significado, uso o frecuencia adquiere características particulares en México.

¿Entonces qué diferencia hay con el diccionario de la RAE?

La comparación necesita una precisión: el Diccionario de la lengua española (DLE) no es actualmente una obra elaborada únicamente por la Real Academia Española. Es resultado del trabajo conjunto de las academias que integran la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) y busca recoger el léxico general utilizado en España y en los países hispánicos.

Su historia se remonta al siglo XVIII. La Real Academia Española, fundada en 1713, tuvo entre sus primeras tareas la elaboración de un diccionario. El resultado fue el Diccionario de autoridades, publicado entre 1726 y 1739. En 1780 apareció una versión en un solo volumen que dio inicio a la serie de diccionarios usuales que posteriormente conduciría al actual DLE.

El DEM nació mucho después y con una finalidad diferente. Mientras el DLE tiene una cobertura panhispánica, el proyecto de El Colegio de México se concentró en investigar la variedad mexicana del español a partir de datos de uso.

Esa diferencia de alcance explica por qué ambas obras pueden registrar una misma palabra y, al mismo tiempo, ofrecer información distinta sobre ella.

Una de sus características es que describe, no dicta cómo debe hablarse

El DEM se define expresamente como una obra descriptiva, elaborada con criterios lingüísticos. Su propósito es registrar el vocabulario que se ha utilizado o se utiliza en México, al menos desde 1921, y estudiar sus significados y formas de uso.

Esto resulta especialmente revelador cuando una palabra utilizada cotidianamente en México no aparece en otro diccionario o aparece con un significado diferente. La ausencia de una voz en una determinada obra no significa, por sí misma, que esa palabra no exista en el idioma.

El DEM parte de una premisa distinta: primero observa la lengua utilizada por los hablantes y después analiza y describe sus características. Para ello, cada entrada se construye a partir de investigaciones lexicográficas y de los datos obtenidos de los corpus, además de revisiones posteriores y consulta de obras especializadas.

Un diccionario construido con palabras reales

Una de las características más interesantes del DEM está en la manera en que trabaja con los ejemplos.

El proyecto utiliza los contextos encontrados en sus corpus para estudiar los significados y usos de las palabras. Esto garantiza que una definición no dependa únicamente de la intuición del lexicógrafo, sino que pueda contrastarse con la forma en que una voz aparece en textos y conversaciones documentadas.

El resultado es un registro que deja al descubierto diferencias que pueden parecer pequeñas, pero que forman parte de la variedad mexicana del español: palabras cuyo significado cambia, expresiones que tienen una frecuencia particular en el país, voces coloquiales o términos vinculados con determinadas regiones, grupos sociales o campos especializados.

La propia estructura del DEM facilita consultar información relacionada con regiones, niveles de uso, materias y formación de palabras, además de las definiciones y ejemplos correspondientes.

Un proyecto que sigue creciendo

El español mexicano no quedó detenido en los textos recopilados para el primer corpus. Las palabras cambian, aparecen nuevas expresiones y otras dejan de utilizarse con la misma frecuencia.

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Por esa razón, el proyecto ha continuado ampliando sus fuentes. La segunda edición incorporó materiales posteriores al primer corpus y el equipo ha trabajado con un Segundo corpus del español mexicano, que ofrece las bases para contrastar los usos registrados entre distintos periodos.

La versión digital del DEM está disponible para consulta pública y gratuita. Desde 2012, según Luis Fernando Lara, la edición en línea se mantiene abierta al público y ha incorporado mejoras a lo largo del tiempo.

¿Por qué conviene conocer el DEM?

La existencia del Diccionario del español de México recuerda algo que suele perderse cuando se habla del idioma: el español no pertenece lingüísticamente a un solo país ni se habla exactamente de la misma manera en todos los lugares donde es lengua materna.

México tiene una variedad propia, con vocabulario compartido con otros países, palabras de origen indígena, diferencias regionales, usos coloquiales, términos especializados y significados que pueden cambiar según el lugar donde se utilicen.

El DEM nació precisamente para estudiar esa realidad. No se trata de “otro diccionario de la RAE”, ni de un catálogo de palabras mexicanas. Es una investigación lexicográfica desarrollada en México durante más de cinco décadas para describir, con base en datos, cómo funciona el español que se utiliza en el país.

Y quizá esa sea la razón más sencilla para conocerlo: cuando alguien pregunta si una palabra “existe” en México, no todo depende de encontrarla en el diccionario que tradicionalmente se consulta. Hay otra obra, construida desde México y dedicada específicamente a estudiar su español, que puede ofrecer una respuesta desde una perspectiva diferente.

Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica. 

IG: @imjucesar // LinkedIn: @imjucesar

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