Por: Julio César
México genera casi 140 mil toneladas de residuos al día. El ecodiseño busca reducirlos desde la elección de materiales y el diseño.
México genera casi 140 mil toneladas de residuos sólidos urbanos cada día. De acuerdo con el Gobierno de México, sólo 5% recibe algún tipo de tratamiento y 72% no pasa por procesos de valorización. Ante este volumen, el problema ambiental no comienza cuando un producto se desecha. Una parte se define mucho antes, desde el momento en que se eligen sus materiales, se determina cómo será fabricado y se decide qué ocurrirá con él al terminar su vida útil.
Ahí es donde el ecodiseño adquiere espacio dentro de las decisiones empresariales. La propuesta consiste en incorporar criterios ambientales desde las primeras etapas de desarrollo para crear productos que puedan reutilizarse, repararse, desmontarse o reciclarse con mayor facilidad.
El cambio supone mirar el producto completo y no únicamente la etapa en la que se convierte en residuo. También modifica la forma en que se toman decisiones sobre envases, materiales, procesos de fabricación y duración.
El residuo comienza antes del consumo
La dimensión del problema ayuda a entender por qué el diseño está entrando en la conversación ambiental. Los casi 140 mil toneladas de residuos sólidos urbanos que México genera diariamente equivalen, según el Gobierno de México, a llenar diez veces el Estadio Azteca cada día.
El volumen contrasta con la capacidad de tratamiento y valorización. Sólo una fracción de los residuos recibe algún tipo de tratamiento, mientras que 72% queda fuera de procesos de valorización.
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Con estas cifras, gestionar los residuos una vez que existen resulta insuficiente para resolver por completo el problema. Otra parte de la respuesta está en reducir la cantidad de materiales que terminan convertidos en desechos y pensar desde el origen qué sucederá con cada producto después de su uso.
En opinión de ESDESIGN, Escuela Superior de Diseño de Barcelona, esa perspectiva modifica la manera de entender el desarrollo de nuevos productos.
“El desarrollo de nuevos productos empieza cuando el impacto ambiental se considera desde el primer boceto del producto”, explica un especialista de la institución.
La decisión deja de estar concentrada únicamente en el área ambiental. El material seleccionado, la fabricación, la duración y el destino final pasan a formar parte del proceso de diseño.
El plástico concentra buena parte de la presión
El desafío adquiere otra dimensión cuando se observa el caso de los residuos plásticos.
A tenor de lo reportado por el Pacto de los Plásticos en México y WWF, entre 38% y 58% de los residuos plásticos no se gestionan adecuadamente. El volumen equivale a entre 2 y 3.6 millones de toneladas al año que terminan contaminando ríos, ecosistemas y océanos.
Los residuos plásticos constituyen, además, entre 60% y 90% de la basura encontrada en playas mexicanas.
Estos datos colocan al diseño frente a una pregunta distinta. No se trata únicamente de encontrar una salida para los residuos una vez que fueron generados, sino de revisar desde el principio qué materiales se utilizan, cuánto material requiere un producto y qué posibilidades existen para recuperarlo después de su uso.
“Hoy el reto ya no es fabricar más, sino generar menos residuos desde el diseño”, resume el especialista de ESDESIGN.
Diseñar pensando en el final de la vida útil
El ecodiseño cambia algunas de las preguntas que acompañan el desarrollo de un producto.
Además de aspectos como la apariencia, la funcionalidad o el costo, aparecen cuestiones relacionadas con su reparación, desmontaje, reutilización y reciclaje. ¿Puede repararse? ¿Es posible desmontarlo? ¿Sus materiales podrán aprovecharse nuevamente? ¿Qué ocurrirá cuando deje de utilizarse?
Las respuestas pueden influir desde la selección de materiales hasta la construcción del producto.
El enfoque ya aparece en distintos sectores. Entre los ejemplos mencionados se encuentran los envases biodegradables, los empaques reutilizables, los muebles modulares, los electrodomésticos de bajo consumo y las prendas fabricadas con materiales reciclados.
En todos estos casos, la sostenibilidad no queda limitada a la fabricación. El diseño incorpora el ciclo de vida completo como parte del desarrollo.
Pensar en la etapa posterior al consumo puede facilitar la recuperación de materiales y reducir el desperdicio que termina fuera de los sistemas de aprovechamiento.
Algunas empresas ya incorporan estos criterios
En México existen iniciativas empresariales vinculadas con este cambio. Grupo Bimbo informó que 99% de sus empaques ya son reciclables, mientras que ECOCE, impulsada por la industria de alimentos y bebidas, trabaja en esquemas orientados a fortalecer la recuperación y el reciclaje de envases mediante mecanismos de responsabilidad compartida.
Estos casos muestran que la conversación sobre el impacto de los productos no termina en la línea de producción. La forma del envase, los materiales utilizados y las posibilidades de recuperación después del consumo forman parte de la ecuación.
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Bajo el enfoque de ESDESIGN, esa mirada debe acompañar al producto desde su concepción.
“Un buen diseño también debe pensar en lo que ocurrirá cuando el producto deje de utilizarse”, sostiene la institución.
La idea modifica la relación entre diseño y gestión de residuos. En lugar de considerar el desecho como una etapa posterior y separada, el desarrollo del producto incorpora desde el inicio lo que sucederá cuando deje de cumplir su función.
Del producto al ciclo de vida
El ecodiseño lleva la conversación ambiental hacia decisiones que antes podían quedar fuera del proceso creativo. Reducir la cantidad de material, facilitar la reutilización, prolongar la vida útil o simplificar la recuperación son decisiones que se toman mucho antes de que el producto llegue al consumidor.
Esa perspectiva puede tener efectos sobre la operación de las empresas. El material elegido influye en la fabricación; el diseño condiciona el ensamblaje y la posibilidad de reparación; la composición del producto puede facilitar o dificultar su recuperación.
Por eso, el cambio no consiste únicamente en fabricar productos con materiales reciclados o sustituir un material por otro. Implica revisar el producto desde su origen y preguntarse qué ocurrirá con cada uno de sus componentes cuando termine su primera función.
La presión ambiental y el volumen de residuos están llevando estas preguntas hacia las áreas donde se toman las primeras decisiones. En México, donde diariamente se generan casi 140 mil toneladas de residuos sólidos urbanos, el diseño aparece así como uno de los puntos donde puede comenzar una reducción del desperdicio.
Más que añadir una etapa ambiental al desarrollo de productos, el ecodiseño propone modificar el punto de partida. La meta es que las decisiones sobre materiales, fabricación, duración y recuperación se tomen considerando el ciclo completo del producto.
El reto para las empresas consiste en incorporar esa mirada sin perder de vista las condiciones técnicas y económicas de cada producto. Desde la óptica de ESDESIGN, esa evolución marcará buena parte del rumbo del diseño durante los próximos años.
Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica.
IG: @imjucesar // LinkedIn: @imjucesar
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