Economía circular en México: el ecodiseño llega al centro de la reciclabilidad de los envases

Economía circular de los plásticos

Por: Julio César

La nueva Ley General de Economía Circular impulsa el ecodiseño y obliga a revisar la reciclabilidad de envases desde su fabricación.


La implementación de la nueva legislación sobre economía circular coloca a las empresas frente a una tarea que comienza mucho antes de que un envase llegue al consumidor: diseñarlo considerando cómo será recuperado y procesado al final de su vida útil.

La reciente entrada en vigor de la Ley General de Economía Circular, publicada en el Diario Oficial de la Federación en enero de 2026, incorpora la Responsabilidad Extendida del Productor al marco regulatorio mexicano. Aunque todavía está pendiente el reglamento que definirá parte de su aplicación, las empresas e importadores ya deben avanzar en sus planes de gestión ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), de acuerdo con lo expuesto por Martha Ricardi Velázquez, Directora de Estrategia para América Latina de la Association of Plastic Recyclers (APR).

El cambio desplaza parte de la discusión sobre residuos hacia una etapa anterior. Ya no se trata únicamente de recuperar más materiales después del consumo, sino de revisar qué ocurre con ellos dentro de las plantas de reciclaje y si los envases fueron concebidos para entrar de manera efectiva en esos sistemas.

Martha Ricardi Velázquez abordó este punto durante el episodio 61 del podcast Recycled Content, donde sostuvo que la sustentabilidad dejó de ser únicamente una decisión voluntaria de las empresas y pasó a formar parte de sus obligaciones legales y financieras.

El problema no termina cuando el envase se recolecta

México cuenta con una tasa de recuperación de PET de 64%, de acuerdo con el dato citado por la especialista. Buena parte de ese resultado depende de redes de recolección y acopio social que han permitido mantener un flujo importante de material hacia los centros de recuperación.

Pero recoger un envase no garantiza que pueda reciclarse correctamente.

Una botella puede llegar a una planta y encontrarse con etiquetas, adhesivos, tintas o capas barrera que dificultan su separación, lavado o procesamiento. En esos casos, el problema deja de estar en la recolección y aparece dentro de la propia operación industrial.

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Martha Ricardi Velázquez estima que las dificultades técnicas asociadas con las etiquetas concentran cerca de 80% de los problemas de reciclabilidad de un envase. La cifra dimensiona por qué el diseño tiene consecuencias que van mucho más allá de la apariencia del producto.

Las etiquetas de cobertura total, por ejemplo, pueden interferir con los sensores ópticos utilizados para separar materiales cuando no están fabricadas con la composición adecuada. Un adhesivo aplicado en exceso o que no pueda eliminarse durante el lavado en caliente puede terminar contaminando las hojuelas recuperadas.

El papel introduce otra dificultad. Durante el lavado puede generar pulpa, mientras que determinadas tintas solubles pueden desprenderse y teñir el material. Algo similar ocurre con algunas barreras utilizadas para proteger el contenido del envase. Si no son compatibles con el proceso de reciclaje, pueden provocar cambios de color o degradación de la resina.

Son problemas que difícilmente se corrigen al final de la cadena. Una vez que el material llega mezclado a una corriente de reciclaje, separar un componente incompatible puede resultar técnicamente complejo o económicamente poco viable.

Diseñar pensando en la planta de reciclaje

Ahí aparece el ecodiseño como una herramienta industrial, no únicamente ambiental.

La lógica consiste en tomar en cuenta desde la concepción del envase factores como los materiales empleados, la superficie de las etiquetas, los adhesivos, las tintas y las capas adicionales. El objetivo es que esos componentes sean compatibles con los sistemas de recuperación y procesamiento disponibles.

“El reciclaje exitoso comienza con el ecodiseño”, sostuvo Martha Ricardi Velázquez durante la entrevista.

La idea adquiere una dimensión particular en México y Latinoamérica, donde la infraestructura de reciclaje no es homogénea. Un diseño que funciona en un sistema con determinada tecnología de separación o lavado puede enfrentar dificultades en otro con capacidades distintas.

Por eso, las guías técnicas de reciclabilidad buscan establecer criterios que puedan aplicarse desde la etapa de desarrollo del empaque. La APR trabaja precisamente en este campo mediante estándares, guías y certificaciones orientadas a evaluar la compatibilidad de los envases con procesos reales de reciclaje.

La organización, que reúne a participantes de distintos puntos de la cadena de valor de los plásticos, cuenta con más de 30 años de trayectoria internacional y dos décadas de trabajo en México.

La regulación cambia el cálculo para las empresas

La nueva legislación añade otra variable a esta discusión. Con la Responsabilidad Extendida del Productor, fabricantes e importadores enfrentan obligaciones relacionadas con la gestión de los productos y envases que colocan en el mercado.

La implementación práctica dependerá en buena medida del reglamento pendiente, pero el cambio regulatorio ya modifica la forma en que las compañías deben considerar el final de vida de sus productos.

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Martha Ricardi Velázquez resumió esa modificación al advertir que los costos asociados con el incumplimiento pueden superar los que implicaría invertir anticipadamente en ecodiseño.

La presión no proviene únicamente de las posibles sanciones. También están en juego la disponibilidad de materiales reciclados, la calidad de las resinas recuperadas y la capacidad de las empresas para demostrar qué sucede con sus envases después del consumo.

A esto se agregan problemas de mercado como la competencia de resinas importadas de bajo costo y calidad cuestionada, la sobreoferta de plástico virgen y las dificultades de trazabilidad. Son factores que pueden complicar la consolidación de mercados para materiales reciclados, incluso cuando existe capacidad técnica para recuperarlos.

Las metas dependen de la calidad del material recuperado

México ha establecido objetivos para incrementar la recuperación y el uso de materiales reciclados. Entre ellos se encuentran superar 80% de acopio de PET para 2030, alcanzar 45% en otros plásticos, lograr que 100% de los envases sean reutilizables o reciclables e incorporar al menos 30% de contenido reciclado posconsumo.

Martha Ricardi Velázquez considera que esas metas pueden alcanzarse e incluso superarse mediante la adopción de criterios científicos de reciclabilidad.

El punto central es que aumentar la cantidad recolectada no basta. Si una parte significativa del material recuperado llega a las plantas con componentes que dificultan su procesamiento, el volumen recolectado no se traduce necesariamente en más plástico reciclado de calidad.

La economía circular obliga así a mirar la cadena completa. La recolección, la clasificación y el reciclaje dependen, en buena medida, de decisiones tomadas mucho antes, cuando se seleccionan los materiales y se define cómo estará construido un envase.

La discusión que abre la nueva legislación no se limita entonces a cuánto plástico se recupera. Una parte decisiva estará en qué tan reciclables son los productos que llegan a los sistemas de recuperación y cuánto material puede volver efectivamente a la industria.

Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica. 

IG: @imjucesar // LinkedIn: @imjucesar

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