Reciclable no siempre significa reciclado: el reto de gestionar los residuos en las ciudades

El reto de gestionar los residuos en las ciudades

Por: Julio César

México genera 139,902 toneladas de residuos al día. La falta de infraestructura limita la recuperación y reciclaje de materiales.


Elegir materiales reciclables, compostables o biodegradables puede reducir el impacto ambiental de los productos, pero su desempeño después del consumo depende de algo que suele quedar fuera de la etiqueta: la infraestructura disponible para gestionarlos.

En México se generan alrededor de 139,902 toneladas de residuos sólidos urbanos cada día, de las cuales sólo 5% recibe algún tipo de tratamiento, según el Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de los Residuos 2026 (DBGIR), elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en coordinación con el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático. La cifra muestra que sustituir un material por otro no resuelve por sí mismo el problema de lo que ocurre después del consumo.

El escenario se hace visible ante el Día Mundial de las Ciudades, que se conmemora cada 31 de octubre. La fecha, establecida por Naciones Unidas, coloca sobre la agenda internacional los retos relacionados con la urbanización y la construcción de ciudades más sostenibles.

México genera 139,902 toneladas de residuos al día

El volumen de residuos contrasta con la infraestructura disponible para recuperarlos y tratarlos. México cuenta con 39 plantas de selección, 14 plantas de composta, 11 plantas de compactación y 11 procesos de trituración, según la presentación oficial del DBGIR 2026.

La recolección alcanza aproximadamente 108 mil toneladas diarias, equivalentes a 77% de los residuos generados. La diferencia entre generación y recolección deja una parte del flujo de residuos fuera del sistema formal de manejo.

También lee: Plásticos, polímeros y resinas: conceptos técnicos para comprender los materiales y su transformación

El diagnóstico muestra, al mismo tiempo, que una cantidad considerable de estos materiales tiene posibilidades de aprovechamiento. Alrededor de 40% de los residuos sólidos urbanos generados en México son orgánicos y más de 36% corresponde a materiales potencialmente aprovechables.

El reto, por tanto, no termina en fabricar un producto reciclable o compostable. Para que esas características tengan una consecuencia ambiental después del consumo se requieren separación, recolección, infraestructura de tratamiento y mercados capaces de absorber los materiales recuperados.

Reciclable, biodegradable y compostable no significan lo mismo

La discusión sobre materiales suele agrupar bajo una misma idea términos que describen propiedades diferentes.

Un material reciclable necesita incorporarse a una cadena efectiva de recolección, separación y reciclaje. Que técnicamente pueda reciclarse no garantiza que exista un sistema que lo reciba y procese.

Un material compostable, por su parte, requiere condiciones específicas para degradarse y convertirse en composta. La disponibilidad de esas condiciones depende del sistema de tratamiento al que llegue el producto.

La biodegradabilidad describe la capacidad de un material para degradarse mediante procesos biológicos, pero no significa que pueda hacerlo con la misma velocidad o bajo cualquier condición ambiental.

Por eso, la evaluación de un material no puede limitarse a su composición o a la información de la etiqueta. Su aplicación, el tiempo durante el cual debe funcionar, las condiciones posteriores al consumo y la infraestructura existente en el lugar donde terminará forman parte de la ecuación.

Ignacio Parada, Fundador y CEO de Bioelements, resume el problema desde el diseño: “Un material no puede evaluarse únicamente por lo que dice la etiqueta. Hay que observar su aplicación, cuánto tiempo necesita funcionar, qué condiciones encontrará después de su uso y cuál es la infraestructura disponible en el lugar donde terminará”.

El final de vida empieza antes de fabricar el producto

El volumen de residuos potencialmente aprovechables abre una discusión que comienza antes de que el producto llegue al consumidor: cómo será gestionado cuando deje de utilizarse.

Con esta visión, el diseño de un producto no termina en la función que debe cumplir durante su vida útil. La selección del material debe considerar qué ocurrirá después, qué infraestructura existe para recuperarlo y qué condiciones requiere para reincorporarse a un ciclo productivo o recibir tratamiento.

La propia Semarnat reconoció la dificultad que genera la diversidad de materiales plásticos. En agosto de 2026 publicó el Catálogo de Identificación de Residuos Plásticos, con el propósito de facilitar su identificación, ante la complejidad que las distintas clasificaciones pueden generar para su recuperación y reciclaje.

El diagnóstico apunta hacia una mayor recuperación y reciclaje de materiales y hacia la reducción de aquellos que terminan en rellenos sanitarios.

La infraestructura condiciona las alternativas de material

La sustitución de plásticos convencionales y productos de un solo uso ha ganado espacio entre gobiernos, empresas y consumidores. Pero cambiar el material sin modificar los sistemas encargados de gestionar los residuos deja una parte de la solución pendiente.

No todas las aplicaciones requieren las mismas propiedades ni tienen el mismo destino después del consumo. Una bolsa, un empaque para alimentos y un envase pueden responder a necesidades diferentes, por lo que tampoco existe una alternativa material que funcione de la misma manera en todos los casos.

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“No existe un solo material que resuelva todas las aplicaciones ni un único final de vida adecuado para todos los productos”, afirma Ignacio Parada. La selección debe considerar tanto el uso del producto como las condiciones existentes para manejarlo después.

Esto desplaza la discusión desde la simple sustitución de materiales hacia el funcionamiento del sistema completo: diseño, consumo, separación, recolección, tratamiento, recuperación y reincorporación de materiales.

La economía circular depende de sistemas que funcionen

El DBGIR 2026 incorpora la reintegración de materiales con valor económico o estratégico como parte del modelo de gestión integral de residuos. La idea modifica la forma de observar los desechos: una parte de ellos puede conservar valor si se separa, recupera y encuentra una vía de aprovechamiento.

Para que esto ocurra a escala urbana se requieren acciones simultáneas. El diseño puede reducir la generación de residuos y facilitar su recuperación; la separación evita que materiales aprovechables se mezclen con otros residuos; la infraestructura hace posible su tratamiento, y los mercados generan una salida para los materiales recuperados.

La discusión sobre sostenibilidad urbana queda así ligada a una pregunta más amplia que la elección entre un material y otro: ¿qué sistema existe para gestionar ese material cuando termina su vida útil?

Como resume Ignacio Parada, “el siguiente paso no es simplemente sustituir un material por otro. Es conectar diseño, consumo, regulación e infraestructura”. La circularidad de los materiales depende, en buena medida, de que esas etapas puedan funcionar como un sistema y no como acciones aisladas.

Editor-in-Chief: Julio César. Periodista con más de 15 años de experiencia en la investigación y desarrollo de contenidos especializados para medios impresos y digitales en México y Latinoamérica. 

IG: @imjucesar // LinkedIn: @imjucesar 

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